Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Una Política con mayúsculas

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Hace cuarenta años que falleció Robert Schumann, desconocido para muchos, dada la ignorancia culpable o no culpable, de las raíces cristianas de Europa. Ha sido un hombre de fe y del derecho metido a político para servir a la paz y al diálogo entre las naciones europeas, concretamente entre Francia y Alemania. No estaba solo porque "Dios los cría y ellos se juntan", y mantuvo profundas relaciones con el italiano De Gasperi, y el alemán Adenauer, considerados todos como los padres de la Europa actual, en lo que tiene de sano y no en lo que soporta de podrido en la Comunidad Europea.

Estos políticos cristianos gastaron su vida a favor del diálogo y del perdón entre los pueblos, estableciendo estructuras verdaderamente humanas para la prosperidad europea después de dos guerras terribles, buscando el bien común de todos, aunque parezca una redundancia. Lo hicieron en el respeto de las personas de cualquier raza, defendiendo a los judíos, y naturalmente en el respeto de las normas morales necesarias para el progreso de los pueblos.

Al igual que De Gasperi y de Adenauer, Schumann pensaba que "Europa es la puesta en práctica de una democracia en el sentido cristiano de la palabra". Porque ya tenemos sobrada experiencia de que tantas veces la palabra "democracia" es tan violentada que hasta China se presenta como un Estado democrático".

Políticos poco escrupulosos

Sin ir tan lejos uno piensa en el caso Bárcenas y las finanzas dudosas del partido gobernante; en el caso Griñán y sus finanzas ciertamente corruptas, con esos ERE falsos y corrupción generalizada hasta el punto de sentar en el banquillo como acusados de delito a 116 cargos en los sucesivos gobiernos socialistas en Andalucía. Uno piensa también en el caso Berlusconi, un anciano lascivo estirado y conservado en formol, o en el francés Hollande con varios retazos de familia desperdigados y un proyecto más laicista para el país galo laico; parece un discípulo del irredento Zapatero que ha destruido la familia y el tejido social, por no hablar de la economía. Dan ganas de llorar o de ponerse la careta de "Anonimus", si esa protesta no fuera una aviesa manipulación de ingenuos ciudadanos en busca de honradez.

Política con mayúscula

Sin embargo la corrupción inoculada en las instituciones europeas por personajillos activos pero con poca sustancia no debe llevar al desánimo ni a juicios negativos sobre todos los políticos y la Política, con mayúscula. Hoy también hay muchos hombres y mujeres empeñados en hacer esa Política de servicio y no de corrupción. Son aquellos que tienen principios morales y procuran ser consecuentes con ellos, incluso a la hora de participar con su voto en el Congreso para enderezar la funesta ley del aborto según plazos del año 2010. Muchos de esos hombres y mujeres tienen fe y se esfuerzan por ser coherentes con ella, pues saben que aquellos bonitos ideales de la Revolución francesa, "libertad, igualdad, y fraternidad", se alimentaban del cristianismo injustamente manipulado en provecho de los agitadores y burgueses. Estos políticos honrados saben que la fe es savia que da vida a las instituciones y a la sociedad, compuesta en definitiva por personas que caminan esta vida hacia la eternidad en Dios. Y que cada palo aguante su vela. Por cierto, Schumann está en proceso de beatificación, como para recordar que la Política puede ser camino de santidad, y que los políticos también están llamados a la santidad.

Jesús Ortiz LópezDoctor en Derecho Canónico

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