Miércoles 23/08/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Poder de Dios, poder del amor

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

¿Qué quiere decir que Dios es "Padre todopoderoso"? ¿No parece algo imposible contemplando tanto sufrimiento y el mal en el mundo? ¿Y qué sentido tiene que Dios entregara a su Hijo en una cruz?

Durante la audiencia general del 30 de enero, Benedicto XVI reflexionó sobre las palabras del Credo: "Creo en Dios Padre todopoderoso". Y de esta forma profundizó en la filiación divina y las actitudes que comporta.

1. En primer lugar, Dios es Padre. "No siempre –reconoce el Papa– es fácil hablar hoy en día de la paternidad". En la situación actual, especialmente en Occidente, se ha vuelto difícil una relación serena y constructiva entre padres e hijos, por diversas razones: "Las familias rotas, los compromisos de trabajo cada vez más absorbentes, las preocupaciones, y muchas veces el esfuerzo por equilibrar el presupuesto familiar o la invasión distractiva de los medios de comunicación en la vida diaria".

Prosigue Benedicto XVI: "También es difícil imaginar a Dios como un padre, sin tener modelos adecuados de referencia. Para aquellos que han tenido la experiencia de un padre demasiado autoritario e inflexible, o indiferente y poco afectuoso, o peor aún ausente, no es fácil pensar con serenidad en Dios como Padre y entregarse a Él con confianza".

¿Qué hacer, entonces? ¿Dónde acudir? La Biblia, y particularmente el evangelio, vienen en nuestra ayuda. Nos hablan de "un Dios que nos muestra lo que verdaderamente significa ser 'padre'". El evangelio nos revela el rostro de Dios como Padre que ama hasta entregar a su propio Hijo para la salvación de la humanidad".

De muchas maneras –señala el Papa– el evangelio explica, con referencia a la figura paterna, el amor de Dios, infinitamente más grande, fiel y completo que el de cualquier hombre (cf. Mt. 7,9-11; Lc. 11,11-13). "Dios es nuestro Padre porque nos ha bendecido y escogido antes de la fundación del mundo (cf. Ef. 1,3-6), nos hizo realmente sus hijos en Jesús (cf. 1 Jn. 3,1). Y, como Padre, Dios acompaña con amor nuestra vida, dándonos su Palabra, sus enseñanzas, su gracia, su Espíritu".

2. Así pues, Jesús revela a Dios como Padre infinitamente amoroso que cuida de todas las criaturas, especialmente de nosotros (cf. Mt. 5, 45 y 6, 26-32; Lc. 12, 24-28): nos acoge y perdona, y nos ofrece el pan del cielo y el agua que da vida para siempre (cf. Jn. 6,32.51.58).

En la línea de los salmos (Ps 27, 10; Ps 103 y 136) afirma Benedicto XVI: "Dios es un Padre que nunca abandona a sus hijos, un Padre amoroso que apoya, ayuda, acoge, perdona y salva, con una fidelidad que supera inmensamente a la de los hombres, para abrirse a dimensiones de eternidad. (...) El amor de Dios nunca falla, no se cansa de nosotros; es el amor el que da hasta el extremo, hasta el sacrificio de su Hijo".

Así queda claro cómo nos ayuda la fe en los acontecimientos de la vida: "La fe nos da una certeza, que se convierte en una roca para la construcción de nuestras vidas: podemos afrontar todos los momentos de dificultad y de peligro, la experiencia de lo oscuro de la crisis y del tiempo del dolor, apoyados por la fe de que Dios no nos deja solos y siempre está cerca, para salvarnos y llevarnos a la vida eterna".

En Jesús se muestra plenamente ese rostro benevolente de Dios Padre (cf. Jn 8, 19; 14, 7. 9 y 11; Col 1, 13-20), que con amor y ternura infinitos se inclina sobre nosotros, hijos débiles, necesitados de todo. Así Dios nos hace hijos suyos. Jesús nos enseña a rezar diciendo "Padre Nuestro". Y el Espíritu Santo nos hace exclamar también: Abbà, Padre (cf. Rm 8,. 15).

3. Dando un paso más explica Benedicto XVI cómo la Cruz salvadora es la "plena manifestación de la grandeza de Dios como Padre todopoderoso", pues en ella Dios nos perdona los pecados y nos lleva a participar de la resurrección de Cristo. Pero ¿cómo es posible imaginar que un Dios todopoderoso permita la muerte de su Hijo?

Así lo explica el Papa: "Sin duda que quisiéramos una omnipotencia divina según nuestros esquemas mentales y nuestros deseos: un Dios 'todopoderoso' que resuelva los problemas, que intervenga para evitarnos los problemas, que le gane al adversario, y que cambie el curso de los acontecimientos y anule el dolor".

Al ver tanto sufrimiento y maldad en el mundo, hay teólogos –añade– que niegan que Dios sea omnipotente. También hay quien reacciona buscando refugio en los ídolos, en su supuesta omnipotencia "mágica" y en sus promesas ilusorias.

Pero –continúa– la fe en Dios Todopoderoso nos lleva por caminos muy diferentes; pues el pensamiento de Dios, sus planes y también su omnipotencia es diferente de lo que pensamos o imaginamos. "En realidad, Dios, al crear criaturas libres, dándoles libertad, renunció a una parte de su poder, dejando el poder en nuestra libertad. Así, Él ama y respeta la respuesta libre de amor a su llamado".

4. La omnipotencia del amor de Dios Padre, se manifiesta precisamente en su respeto por nuestra libertad: "Como Padre, Dios quiere que seamos sus hijos y que vivamos como tales en su Hijo, en comunión, en plena intimidad con Él. Su omnipotencia no se expresa en la violencia, no se expresa en la destrucción de todo poder adverso como quisiéramos; sino que se expresa en el amor, en la misericordia, en el perdón, en la aceptación de nuestra libertad y en la incansable llamada a la conversión del corazón; en una actitud aparentemente débil –Dios parece débil si pensamos en Jesucristo orando, que se deja matar".

He ahí la paradoja: "¡Una actitud aparentemente débil, hecha de paciencia, de mansedumbre y de amor, muestra que este es el camino correcto para ser poderoso! ¡Esta es la potencia de Dios! ¡Y este poder vencerá!" (cf. Sab. 11,23-24a.26).

El Papa nos está diciendo que el amor es el mayor poder. "Solo quien es realmente poderoso puede soportar el mal y mostrarse compasivo; solo quien es verdaderamente poderoso puede ejercer plenamente el poder del amor. Y Dios, a quien pertenecen todas las cosas, porque todas las cosas fueron hechas por Él, revela su fuerza amando todo y a todos, en una paciente espera de nuestra conversión, pues quiere tenernos como hijos. Dios espera nuestra conversión".

De esta manera Dios nos revela que su amor todopoderoso no tiene límites, como manifiesta Jesús, Hijo de Dios, que revela esto al mundo dando su vida por nosotros, pecadores.

En definitiva: "Este es el verdadero, auténtico y perfecto poder divino: Entonces el mal es en verdad vencido porque es lavado por el amor de Dios; entonces la muerte es definitivamente derrotada porque es transformada en don de la vida. Dios Padre resucita al Hijo: la muerte, el gran enemigo (cf. 1 Cor. 15,26), es engullida y privada de su veneno (cf. 1 Cor. 15, 54-55), y nosotros, liberados del pecado, podemos acceder a nuestra realidad de hijos de Dios.

Esto –concluye Benedicto XVI– es lo que confesamos, cuando declaramos "Creo en Dios Padre Todopoderoso". Y por eso el reconocimiento de su poder, de su modo de ser Padre, "es siempre un acto de fe, de conversión, de transformación de nuestros pensamientos, de todo nuestro amor, de todo nuestro modo de vida".

En suma, el poder de Dios es el poder del amor. No es este un ejercicio de teología retorcida y abstrusa. El Credo de Nicea-Constantinopla (que rezamos al menos los domingos en misa) es del siglo IV. Y la religiosidad popular sevillana venera y procesiona, desde el siglo XVII, su imagen del "Jesús del Gran Poder", que no es otro que Jesús nazareno, cargando con la Cruz.

Todo un redescubrimiento, que consuela, fortalece y puede suscitar actitudes decisivas –certeza, seguridad, confianza– en nuestra vida.

rpellitero@unav.es

“Somos
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·