Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Pleno a la Plenaria

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Con el permiso del cardenal Bertone, protagonista del fin de semana eclesial, me sumerjo en la analepsis o el flashback del periodismo para hablar de la Plenaria de los obispos y de lo que vino después de la Plenaria. Las notas de prensa conclusivas son como los espejos de la historia, aquí y en la Patagonia. Así es la teoría de la comunicación institucional, corporativa o de gestión, o como quiera. Estiran los hechos, los encogen, los aclaran, los ocultan, una especie de fuelle de la realidad. Después vienen los titulares y se acabó. Y de titulares también hablaremos.

Resulta que fue la Asamblea Plenaria de las ovaciones. La primera, al cardenal Rouco, por ese cuidado, estudiado, meditado, milimetrado discurso en el que tocaba un punto candente de la actualidad. En España, por más que se empeñe “El Papanatís” con un oscuro fin de semana, habrá el caso de la pederastia, pero casos de pederastia, al menos periodísticos, contaditos con los dedos de media mano. Imagínense los lectores qué ocurriría si fuéramos norteamericanos o irlandeses. Pues la ovación al cardenal Rouco vino después de sus palabras sobre Benedicto XVI.

Segunda ovación, al Vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, que lleva las cuentas como manda el Código de Derecho Canónico, como un buen padre de familia, y que se ha hecho ya cargo y con la carga de las cuentas y de los cuentos de la Cadena COPE. Tiempo al tiempo y oyentes a la COPE. Por cierto, también estuvo el nuevo Presidente de no sé si de la nueva o de la vieja Popular TV hablando a un grupo de obispos. Pronóstico reservado.

Ahora tocan los titulares. Poco matizados despertaron algunos periódicos después de la habitual rueda de prensa posterior a la Plenaria. Una rueda de prensa que, para enterarse de algo, hay que seguir por Internet. Muestra de ello es la carta del director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal al diario El Mudo, publicada este domingo, en la que, en referencia a su titular – no sólo fue El Mundo- “La Iglesia coincide con el Gobierno en pedir que se tolere el velo en las aulas”, matiza: “Monseñor Martínez Camino dijo expresamente en varias ocasiones que la Conferencia Episcopal no ha emitido ningún juicio acerca del uso del velo islámico en los colegios, porque se trata de un problema de técnica reglamentaria al que cabe dar diversas soluciones, en principio válidas desde el punto de vista moral".

Asimismo, en el desarrollo de la información, se afirma que “tanto el velo como el crucifijo son signos religiosos” y que “ambos, por lo tanto y según los obispos están amparados en la Constitución”. Pero lo cierto es que el portavoz episcopal declinó expresamente pronunciarse acerca de si el hiyab es o no un signo religioso en sentido estricto. Sí quiso, sin embargo, aprovechar la ocasión que le brindaban las preguntas al respecto para hacer la siguiente aclaración: del debate sobre el velo algunos sacan la conclusión de que los signos religiosos deben ser prohibidos en los ámbitos públicos, ya que tales señales –según ellos- pertenecen al ámbito privado. Monseñor Martínez Camino señaló que tal conclusión es inaceptable y que no se ve cómo pueda ser compatible con el art. 16.1 de la Constitución, que consagra el derecho que asiste a los individuos y a las comunidades a manifestar sus creencias sin mas límite que el del orden público”. Plena aclaración a una rueda de prensa posterior a la Plenaria.

José Francisco Serrano Oceja