Martes 19/09/2017. Actualizado 16:50h

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Tribunas

El PP y la religión

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¿Tiene el Partido Popular dos almas en lo referente a la cuestión del papel de la religión en la vida pública y a la no menos candente cuestión de la dimensión moral de la acción humana?

¿Está dividido el partido aspirante a gobernar en España después del 20-N en estas materias? ¿Existe en el Partido Popular una reflexión interna, un debate, sobre los presupuestos prepolíticos del Estado de Derecho, sobre cuestiones como el aborto, la eutanasia, la utilización de embriones, el matrimonio, denominado homosexual, muchas de ellas de razón y no de fe? ¿Quedará reflejado ese debate en el Programa electoral o se obviaran por eso de que la inteligencia coyuntural manda ponerse de lado? ¿Piensan lo mismo las viejas y las nuevas generaciones del PP? ¿El pluralismo interno del partido está sirviendo de freno o de aliciente para plantear estas materias? ¿Qué va a pedir el electorado católico a este partido? ¿Han tomado nota en el PP de la lección de la JMJ?

Éstas, y otras muchas preguntas, aparecen en la agenda oculta de las inquietudes y de los interrogantes de no pocos de los votantes del principal partido de la oposición y de algunos observadores de la situación política. La reciente rectificación que Soraya Saénz de Santamaría hizo de unas declaraciones de Ana Pastor sobre la derogación de la ley Aído del aborto –y esperemos que rectificación sólo en la agenda electoral y no en el texto del programa - ha levantado las voces de alarma sobre si el PP está preparado para enfrentarse a estas cuestiones que decisivamente marcan la diferencia de las formas política y, como diría Claude Lefort, de lo político. Tampoco debemos olvidar que en un futuro cambio de gobierno estos temas pasarán por la temperatura de la combustión alentada por un eje integral de izquierdas que se ha caracterizado por revestir la improvisación política con los tintes de lo social. No pocos electores del PP, definidos como católicos, dan por supuesto que existe una reflexión interna, un diálogo adecuado, y un consenso básico, en el partido de Rajoy sobre estas cuestiones. Un consenso más allá de la idiosincrasia del secretario general de turno o de la procedencia intelectual de los que parten y reparten la mejor parte.

Más allá de la confesión nominalista de una raíz común, de una fuente inspiradora de sus estatutos en el humanismo cristiano, pocos son los lugares a los que nos podemos remitir para atisbar el humus, y la dirección, del partido del futuro gobierno en estas materias. Quizá lo que se haya hecho en el pasado, pero estos son otros tiempos. Si bien es cierto que también en el PP se da un proceso de cambio generacional, no es menos cierto que el indicador de la actuación en no pocas Comunidades Autónomas puede ser un interesante aviso, ante un futuro en el que las prioridades de las políticas económicas, de la sanación y salvación del Estado de bienestar, y de la articulación y proyecto de España dejan muy atrás las inquietudes anteriormente planteadas. Esta radiografía regional es solo indicador de una radiografía generacional.

El PP huye por sistema de los maximalismo y de los electores maximalistas. Lo que le salva al PP, al menos en el sustrato regional, es una generación de líderes, muchos de ellos consejeros y consejeras de Comunidades Autónomas, con una adecuada formación cristiana que realizan su servicio a la sociedad con rigor y profesionalidad. Pese a que los principios no parezcan estar muy claros en la maquinaria, el día a día aclara la situación. Se podría hablar de una razón práctica, moderna, de la necesaria reflexión sobre estas cuestiones. Hay ejemplos de sobra que ratifican lo dicho en Valencia, Castilla y León, Cantabria, Madrid, Castilla-la Mancha, entre otras. Capítulo aparte es el del debate y la cocina de las ideas, pero para esto habrá que escribir otro artículo.

José Francisco Serrano Oceja

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