Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un tal Munilla

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No es la primera vez. Y por lo visto, tampoco será la última. Ahora ocurre en la diócesis de Guipúzcoa. Por cierto, una de las que arroja menos práctica religiosa y donde el número de vocaciones sacerdotales se acerca al cero patatero.

Resulta que una decisión de la Santa Sede, máxima y única instancia, designando nuevo obispo, es públicamente contestada, criticada y rechazada por gran parte del clero de esa diócesis.

Ocurre que 85 de los 110 párrocos y 11 de los 14 arciprestes de la Iglesia guipuzcoana han firmado una declaración en la que afirman que Ignacio Munilla, nombrado para ocupar la sede episcopal, no es la persona idónea para el cargo.

Dicen de él, con acento de imputación, que está distanciado del nacionalismo y es cercano a las líneas más conservadoras de la Conferencia Episcopal.

Bueno, pues hay que suponer que sus cualidades y circunstancias las conocen suficientemente bien en Roma. Y deducir por tanto que, si fueran verdad, precisamente por eso le habrían designado obispo de San Sebastián.

Algo de eso apuntan los rebeldes, cuando afirman en su escrito que el nombramiento es “una clara desautorización de la vida eclesial de nuestra diócesis”. Verde y con asas.

Decía al principio que no es la primera vez, a pesar de que algún medio nacional habla de “gesto sin precedentes”. Se nota que no conocen nuestra historia y que, además, tampoco se han documentado bien.

Casos semejantes han ocurrido en otras ocasiones. Incluso más dramáticos. Baste recordar el tempestuoso recibimiento a Marcelo González Martín para Barcelona. O el dispensado en Bilbao a Ricardo Blázquez, recibido con aquel famoso titular: “Un tal Blázquez”. No les han faltado problemas parecidos (con el clero, quiero decir) a los arzobispos de Burgos, de Tarragona…

Si tuviera que elegir entre una y otra parte, no tengo duda de dónde está la razonabilidad, el buen sentido, lo conveniente y aun lo necesario. No, por supuesto luego, en curas protestones que adoptan actitudes que escandalizan al pueblo fiel.

Desde luego, no debe de ser plato de buen gusto hacerse cargo de una diócesis con semejante bienvenida. Así que lo siento por Ignacio Munilla, un tal Munilla, podríamos decir, al que no tengo el gusto de conocer. Pero al que me atrevo a enviar un mensaje de apoyo.

José Apezarena