Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Métodos cuantitativos vocacionales

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La Conferencia Episcopal ha presentado las estadísticas de seminaristas en España. Es algo así como poner sobre la mesa uno de los indicadores más certeros de la vitalidad de las diócesis, al menos, en lo que se atisba de futuro. Sobre esta cuestión siempre recuerdo un libro, en gran parte inédito para la bibliografía sobre la Iglesia en la España contemporánea: la autobiografía del que fuera obispo de Salamanca monseñor Mauro Rubio Repullés, titulada “Mi memoria”, y editada en la Salamanca de 1999. En el capítulo dedicado al Seminario, don Mauro cuenta los zigzags que dio con la formación de los sacerdotes durante más de veinte años, a partir de 1965. Su coletilla siempre es la misma: “Yo cometí la torpeza de sacar de Calatrava… nos equivocamos”.

Sin embargo, a esa sensación generalizada en varias diócesis, habría que añadir la respuesta de otro obispo. Como escribe el hoy obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en un artículo sobre el cardenal Marcelo González Martín y la fuerza del sacerdocio, “cuando don Marcelo llega a Toledo, en enero de 1972, se encuentra en nuestra diócesis con las funestas consecuencias de esta crisis sacerdotal que, como una erupción, se había extendido por toda España, y casi por toda la Iglesia universal. Las consecuencias eran desoladoras: abundantes secularizaciones y un Seminario Mayor con poco más de veinte alumnos. Don Marcelo percibió la seriedad del problema que estaba afectando a toda la Iglesia y se tomó un tiempo largo para estudiarlo sobre el terreno de la diócesis que le era confiada. Consultó con muchas personas, habló despacio y a fondo con todos los seminaristas, oró abundantemente y reflexionó teniendo delante las ricas enseñanzas del Magisterio de la Iglesia. Y, empleando año y medio en esta reflexión, publicó una carta pastoral, que afronta el problema en su raíz y propone cauces operativos para dar respuesta a la crisis planteada. La carta pastoral se titula: “Un seminario nuevo y libre, ¿más sacerdotes o más seglares?” (Toledo, septiembre de 1973). El golpe fue certero. En esa pastoral, que bien puede calificarse de histórica en el tema de los Seminarios en España, don Marcelo hacía un valiente y agudo análisis de la situación y, dejando fluir su amor apasionado por el sacerdocio católico ya demostrado en escritos anteriores, acierta en las soluciones propuestas. Y hablo de acierto, porque ahí están los frutos de aquel golpe de timón”.

Volvamos a la estadística de la Conferencia. Y hagámoslo en forma de preguntas. ¿Qué ha pasado en el seminario de Zaragoza para que hayan abandonado, el curso pasado, ese centro casi la mitad de los seminaristas? ¿Qué les pasa –relación número de población, número de seminaristas, a las diócesis del País Vasco, de Cataluña, de Santander, de Canarias? ¿Qué les pasa a las diócesis de Castilla y León? ¿A qué se debe la significativa subida en número de seminaristas en Alcalá de Henares, Granada (con dos Seminarios), Tarrasa o Valencia? ¿Cuánto tiempo mantendrán Getafe, Cartagena, Madrid, Toledo, Orihuela-Alicante el número de ordenados cada año? La vocación no sabe de métodos cuantitativos…

José Francisco Serrano Oceja