Martes 22/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Mensaje del PSOE a los obispos

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Una vez que el PSOE ha hecho su ejercicio público de confesión, no sé si de sus pecados históricos por lo que se refiere a la Iglesia, el nuevo Secretario General de la Conferencia episcopal que salga elegido en las próximas semanas ya tiene trabajo añadido.  


Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Esto no quiere decir que el sacerdote, u obispo, sobre el que pese esta responsabilidad vaya a ser designado por lo que haya dicho el PSOE y sus militantes en la conferencia mucho más que política.

Resulta paradigmático que Dios y la Iglesia hayan sido los protagonista de los debates y de los discursos más encendidos, incluso de algunas chanzas poco agraciadas del incombustible Rubalcaba. Como si la pasión socialista apareciera, o se expresara, cuando se miente la trascendencia, por el hecho de que la trascendencia evoca los principios sobre los que se articula el socialismo en clave freudiana.

Lo que es evidente es que el principal partido de la oposición ha dado un paso más en la estrategia de calentar los motores para iniciar una carrera que afronta con la radicalidad de algunos de sus postulados y se introduce en una época rupturista. El programa 2000 caducó hace ya mucho tiempo.

El PSOE renovado es consciente de que existe una base social amplia, una parte de la sociedad española, que vive en un profundo malentendido sobre la naturaleza, no tanto y no sólo, del hecho religioso y cristiano, sino principalmente de su dimensión institucional y de la perspectiva histórica que legitima su propuesta en el presente. Ese sector social, alentado por destacados medios de comunicación, es fruto de su tiempo, de la cultura y de la cosmovisión que se ha formado, en gran medida, por el abandono de una presencia cristiana creativa.

Un abandono al que hay que añadir un proceso de ideologización de la imagen de la Iglesia, en la que la fe se ha reducido a un humanismo práctico y en la que pervive la dialéctica marxista y hegeliana entre los diversos actores de la comunión eclesial.

La lectura atenta, analítica, de las páginas 337 y siguientes, de la ponencia política representa un reto sustantivo para la conciencia cristiana del presente, no sólo por la confusión terminológica y conceptual, y por el reduccionismo de algunos postulados, sino por la amalgama de actitudes que rezuma.

Pero lo que no debiera el próximo Secretario General de los obispos es equivocar el interlocutor. Lo que parece evidente es que hay que hacer el trabajo principal en la base social, en ese vector de la sociedad española al que va dirigido, y que es permeable, el renovado y radicalizado socialismo. Ojo a la mentalidad, en términos de psicología social, de las mujeres y de los jóvenes. Lo institucional, estatal, es importante, pero lo es más, si cabe, el acompañamiento de cada una de las personas que viven inmersas en esa mentalidad que expresa deficientes y reduccionistas comprensiones de la Iglesia. Esta es la dinámica del Papa Francisco.

Dos notas finales. Una, ¿qué hará el PP, y sus militantes, ante esa deriva del PSOE en materia de relaciones con la Iglesia? Y segunda, ¿qué harán los denominados cristianos socialistas?

Olegario González de Cardedal, en su reciente libro “Dios en la ciudad” se refiere a estos grupos de cristianos socialistas y afirma que “de una parte, corren el riesgo de verse reducidos a la insignificancia al no poder compartir los presupuestos antirreligiosos del partido, y terminar siendo relegados tras ser utilizados. Por otra, en cambio, entre sus dialogantes ateos o indiferentes apenas suelen encontrar sensibilidad para las propuestas modernizadoras y liberalizadoras que el cristianismo entraña”.

 

 

José Francisco Serrano Oceja


“Somos
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