Martes 22/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Memorias de memoria

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Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, tiene la virtud de llamar a las cosas por su nombre, lo que dice mucho de su inteligencia de la realidad. Ha escrito una carta pastoral titulada “Lo que un cristiano pide a un político”, que es como decir lo que un cristiano le pide a la política. Y lo primero que reconoce es la estima que debemos tener a quienes dedican tiempo, esfuerzos, vida, a la noble tarea de construir el bien común.

En plena marejada electoral, el presente no nos satisface. Necesitamos el pasado, quizá porque el presente ya no existe, para afrontar el futuro. Vivimos tiempos de memorias y de esperanzas. Vivimos tiempos de novedades editoriales que llevan la confidencia de las vidas ejemplares al susurro de la intimidad de la historia, que se conjugan en el sustantivo de la autobiografía y que tienen en común la confesión de fe católica, vivida, pensada, sentida y expresada. Ahí es nada entre tanto rescoldo cultural. Me referiré hoy a unas, singularmente interesantes. Al libro de Marcelino Oreja, titulado “Memoria y Esperanza. Relatos de una vida”. Más adelante, en próximas columnas, iremos con el de Carlos Robles Piquer, “Memoria de cuatro Españas. República, guerra, franquismo y democracia”, y tendré que inevitablemente meterle el diente, que no el colmillo, a las memorias del que fuera arzobispo de Pamplona, entre otras muchas sedes, don José María Cirarda, cuyos herederos acaban de publicar sus textos autobiográficos que, seguro, darán que hablar.

Don Marcelino Oreja nos ofrece una panorámica de lo que significa el noble arte de la política con los tintes de la España contemporánea, negros sobre blancos, entre grises de generaciones de políticos formados en la más señera tradición de la genuina Asociación Católica de Propagandistas. Formado profesionalmente en el servicio al Estado a la sombra de grandes hombres, Martín Artajo, Castiella, sus servicios en la Transición aún tienen una indiscutible vigencia; véase los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado.

Dos ejes aquilatan su inteligencia política; la presencia de España en el consorcio internacional y el sereno juicio de la cuestión vasca. La fe cristiana vertebra su existencia y conforma sus acciones. Y no lo esconde. Sus palabras finales en el libro merecen ser destacadas: “Y doy gracias a Dios por haberme ayudado en todas las circunstancias de mi vida. En estos tiempos ya postreros de mi existencia, a Él me entrego pidiendo su misericordia y me encomiendo a la Virgen María, que siempre he sentido cerca, sobre todo en momentos de duda y vacilación, para que me acompañe hasta el final de mis días”.

José Francisco Serrano Oceja

“Somos
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