Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Liderazgo en la Iglesia

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El número de diciembre de la revista “Red Ignaciana”, que viene a ser la publicación para y de las instituciones de la Compañía de Jesús destinada si cabe más a los seglares, le dedica el número al liderazgo ignaciano, como glosa de un libro de Chris Lowney, editado por “Verticales de bolsillo” en su colección management, y titulado “El liderazgo al estilo de los jesuitas. Las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambió el mundo”. Hacía tiempo que le había hincado el diente al libro que me había parecido era más de lo que yo podía leer sobre este tipo de libros a usanza de empresarios multinacionales de permanente espera en aeropuertos. Por eso me llamó la atención ese número de la revista, máxime si se abre con un artículo sobre “el liderazgo Ignacio: la inteligencia espiritual”, que sigue la estela de los trabajos de Donal Dorr sobre la espiritualidad de los líderes. Su lectura me siguió pareciendo curiosa y no supe muy bien si ese puente entre psicología y espiritualidad no es más un camino de vuelta que de ida.

Por esos días, recibí un ejemplar de la primera carta pastoral del arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, dedicada al Año sacerdotal, y dirigida a los sacerdotes, diáconos y seminaristas, líderes naturales de la Iglesia. Tengo que confesar que me dejó sobrecogido por la claridad con la que don Juan José llama a las cosas por su nombre. Una muestra: “Gracias a Dios, en los últimos años se han despejado muchos interrogantes sobre la identidad de nuestro sacerdocio, sobre todo en el plano teórico. Menos en el plano práctico y existencial. Todos debemos convencernos de que el único manantial de nuestra identidad es Cristo Sacerdote. No es la sociología o las tendencias culturales del momento presente las que deben marcarnos el paso fijando nuestra identidad y nuestro papel en la Iglesia y en la sociedad, pues lo harán siempre a la baja, laicizando o desnaturalizando la sacralidad de nuestro ministerio de acuerdo con los criterios de la cultura secularizada”.

O este otro –perdón por las largas citas-: “En el momento histórico que nos ha tocado vivir, que algunos califican como final de una época, y que tantas analogías guarda con la época de San Juan de Ávila, yo también estoy convencido de que una de las causas, y no de pequeña importancia, de los males de los que en tantas ocasiones nos lamentamos, las dificultades que experimentamos para la penetración del Evangelio en esta cultura, el progresivo alejamiento de la Iglesia de nuestros fieles, el desfondamiento moral y el nihilismo de nuestra juventud, la escasa perseverancia de los niños y jóvenes después de recibir los sacramentos de la iniciación cristiana, está en nosotros los sacerdotes. Si fuéramos más santos, más celosos, más ejemplares y apostólicos, místicos y testigos al mismo tiempo, con una fuerte experiencia de Dios, florecería más la vida cristiana de nuestro pueblo, que necesita del acompañamiento cercano de sacerdotes santos”. He aquí un ejemplo de liderazgo.

José Francisco Serrano Oceja