Miércoles 16/08/2017. Actualizado 16:52h

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Tribunas

Aquella JMJ del 89 en Santiago

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Estamos en las vísperas de la celebración de los veinticinco años de la JMJ de Santiago de Compostela, que fue la segunda fuera de Roma, después de la Buenos Aires. 

Por aquel entonces, el argentino cardenal Eduardo Pironio era el responsable del dicasterio encargado por Juan Pablo II de organizar estas Jornadas. Por cierto, con un arzobispo de la capital bonaerense recién estrenado, Jorge Mario Bergoglio, que acababa de pasar de obispo auxiliar  a arzobispo titular. Y, lógicamente, el cardenal Pironio tiró para casa, aunque teniendo muy presente la propuesta de organizar una JMJ, ya presentada, en Santiago de Compostela por el entonces arzobispo monseñor Rouco Varela. Una propuesta que se cumplió en los días 19 y 20 de agosto de 1989.

El cardenal Rouco Varela peregrinará, estos próximos días, al menos cien kilómetros -el mínimo para conseguir la Compostela- junto a un grupo muy numeroso de jóvenes madrileños. Con dos hitos principales, Luarca (Asturias) y Villalba (Lugo), el cardenal Rouco estará acompañado de sus obispos auxiliares en esta simbólica peregrinación. 

En una reciente entrevista a Europa Press, el arzobispo de Madrid señala que “hay en el presente muchos motivos para hacer memoria agradecida, para no perder el gran legado de esa JMJ y de las que vinieron después, precisamente en un momento en que muchos jóvenes no ven claro el futuro, no encuentran trabajo, su carrera y estudios a veces les da la impresión de que no sirven para mucho, y tienen irresueltas las grandes cuestiones que dan sentido profundo al existir”.

El cardenal Rouco, en la citada entrevista, insiste en que la JMJ de Santiago de Compostela fue “la apertura mutua del Papa a los jóvenes -en su mayoría de Europa-- y de los jóvenes de Europa al Papa”. Una jornada que “sigue muy actual. En la vigilia de la noche, en una representación escénica se presentaban caminos que se ofrecían a los jóvenes de entonces, como caminos que llevan a la felicidad. La droga, el dinero y el sexo eran las tres ofertas que se les hacían y a las que había que responder con la oferta de la verdad, que era Cristo”.

José Francisco Serrano Oceja


“Somos
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