Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Inauguración en San Dámaso

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Es tiempo de inauguraciones académicas. Comienza oficialmente el curso en los centros teológicos; arranca un nuevo período universitario. San Dámaso seguirá siendo noticia durante los próximos meses.

 

Probablemente no haya Centro de Estudios al que, en el acto de inauguración oficial, fueran tantos obispos españoles. Estuvieron en la misa y en la mesa académica: Presidiendo, el cardenal Rouco Varela; el arzobispo de Toledo, el arzobispo Castrense, los obispos de la Provincia eclesiástica de Madrid, es decir, el de Alcalá de Henares y el de Getafe, acompañado de su auxiliar, los obispos auxiliares de Madrid, y los obispos de Palencia, Huesca-Jaca y el de Tarazona. Se excusaron el arzobispo de Granada y el de Córdoba. Un nutrido grupo significativo de quienes envían seminaristas a estudiar a la Facultad de Teología. Muy destacado, porque ahí están no sólo dos arzobispos de primera línea; también el círculo más activo en cuanto a la preocupación doctrinal y a la ortodoxia de la teología en la vida de la Iglesia.

Interesante, como siempre, la intervención final del cardenal Rouco, que hizo una historia, somera, pero clarificadora, del proyecto académico de la archidiócesis de Madrid. Anunció que durante este curso tendremos noticias del cambio de San Dámaso, de Facultad con varios centros anejos a Ateneo –palabra sobre la que en España no se puede esperar mucho por sus connotaciones históricas-, o a Universidad Eclesiástica, o sinónimo ad casum, que dirían los especialistas. Una transformación que irá acompañada de los cambios en el Instituto de Derecho Canónico y de la constitución de la nueva Facultad de Filología bíblica.

 

Después de la lección inaugural, que era una especie de última lección del incombustible sacerdote y filósofo Alfonso Pérez de Laborda, que hizo un descargo de conciencia de su ciencia filosófica, y de su arte y de su inteligencia irónica, el cardenal Rouco alabó la “valentía” de ese grupo de obispos que envían, cada vez en mayor número, a sus seminaristas a estudiar a san Dámaso. Todo un signo de lo que es y significa esta realidad académica eclesial, que está prestando servicios indiscutibles al presente histórico de España.

 

José Francisco Serrano Oceja