Domingo 24/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿El 15-M contra la Iglesia?

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Siempre he pensado que no había que dedicar excesivo tiempo en persuadir sobre la verdad de las cosas a quien no quería expresamente ser persuadido.

Como dice el refrán, no hay peor ciego que el que no quiere ver. No se trata de intentar convencer de su profunda mentira a los grupos que dicen haber convocado una manifestación en contra de la visita del Papa, del Papa y de la Iglesia, de lo cristiano, en suma, en las vísperas primeras de su llegada a España. De lo que se trata es de enfriar el clima social que algunos pretenden incendiar con la combustión, también servida, por algún grupo de comunicación que se desintegra muy deprisa.

En la Archidiócesis de Madrid no se habla de otra cosa que de las agresiones que un diácono ha sufrido, días atrás, a manos de un grupo de los del 15-M que marchaba hacia una de sus habituales concentraciones. No es la primera vez que miembros -y me ahorro los calificativos exculpatorios de este heterogéneo algo más que movimiento- del 15-M y de sus entornos agreden, insultan, escupen, a un sacerdote por el mero hecho de ir vestido como tal por la calle. No son sólo ya los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado los que están verdaderamente indignados; también sacerdotes, párrocos de los entornos de los barrios de actuación, cristianos de a pie, que se sienten indefensos ante la impunidad con la que actúan estos grupos.

Inmediatamente habrá quien responsa que los exaltados son minoritarios; que no se puede juzgar una realidad tan amplia por la actuación de unos pocos radicales; que al Gobierno le interesa tenerlos controlados, aunque sea dando vueltas por la ciudad antes de que se dediquen a diseñar intervenciones de mayor calado. Pero lo que está claro es que en estos contextos -que no son los de ninguna utopía de profetismo laico amparado por un cristianismo humanizado hasta extremos descristianizadores- es en donde se mantiene hoy el caldo de cultivo de un feroz anticlericalismo práctico. Un caldo que no tiene que ver con la ingenuidad de no pocos de los que les acompañan y que ha dado nueva vida a la expresión de las ideas radicales anticristianas. Les ha conferido, incluso, un nuevo método y una presencia social, pública, ciudadana, que hace unos meses no tenía.

Hay quien, incluso, ya ha escrito que en el agosto madrileño se darán cita dos corrientes de comprensión juvenil, y algo más que juvenil, de la existencia. Una comparación desproporcionada. Quienes pretendan aprovechar la oportunidad de la celebración de la JMJ para darse publicidad lo tienen difícil, porque los jóvenes que nos visiten para encontrarse con el Papa viven de la globalizada esperanza de la novedad cristiana. Un camino de largo recorrido y de profundas marcas, pacífico, y, sobre todo, racional.

José Francisco Serrano Oceja

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