Jueves 19/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Una Iglesia contracultural

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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A falta de conocer cuáles serán los ejes sobre los que se articule el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española para el próximo cuatrienio, dentro de esta nueva marcha de la historia que está alentando el Papa Francisco, conviene mirar hacia las misiones, hacia los misioneros, por eso de que pueden ofrecer alguna clave interesante.

La evangelización “ad gentes” se convierte en el paradigma de toda la Iglesia. Algo que tiene que ver con el movimiento de “salida a las periferias”.

Durante esta pasada semana se ha celebrado en Burgos, en el contexto de la Facultad de Teología, un Simposio de Misionología en el que ha participado Vito del Prete, secretario General de la Pontificia Unión Misional, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias.

A veces parece que en la Iglesia las palabras son las fichas de un juego de tronos sobre los que asentar estereotipos o hábitos acendrados. ¿Qué se entiende por Iglesia misionera? “A veces ocurre –apunta don Vito a la Agencia de Obras Misionales Pontificias- que se repite continuamente la presentación de la Iglesia como misionera como si fuera un “mantra”, que puede recordarnos la imagen de un brujo que repite incansablemente las mismas palabras para invocar la lluvia”.

Partamos de la definición: Ser misionero consiste en actuar como actúan las jóvenes Iglesias en misión. “Sus rasgos –recuerda este misionero- son claros. El primero, las comunidades cristianas en misión son siempre una minoría – algo que ya se vive en nuestros países occidentales -, por lo que deben tener la fe, identificada y vivida, como motivación y motor. Segundo, han de vivir en un ambiente de pobreza. Ser pobres con los pobres. Tercero, ser conscientes de que viven en un contexto de religiones no cristianas o de sin religión, por lo que las iglesias misioneras están obligadas a dialogar con todos. Cuarto, deben transmitir el Evangelio, según las sensibilidades culturales y religiosas de cada pueblo”.

¿Una Iglesia contracorriente? “Si la mentalidad de la sociedad y la de la Iglesia coinciden –concluye el padre Vito del Prete-, hay un problema, porque la Iglesia se convierte en otra institución de sabiduría humana, que aporta su punto de vista… uno más. Y la Iglesia no está para aportar puntos de vista, sino para ser contracultura y sociedad alternativa, por la vivencia del Evangelio. Esos son los valores del Evangelio, los valores misioneros”.

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