Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:15h

·Publicidad·

Tribunas

Gracias, monseñor Uriarte

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

La decisión de Benedicto XVI de nombrar a monseñor José Ignacio Munilla obispo de San Sebastián se ha confirmado como un acierto con el comunicado de una minoría del clero de Guipúzcoa en el que critica este nombramiento, y mucho más. No me voy a referir, ni a dar las gracias merecidas, a monseñor Uriarte por el esfuerzo y la delicada, amplia, prolífica y cuidadosa presentación que hizo de su sucesor; ahí están Internet y las hemerotecas. A nadie que haya leído, por ejemplo, el tomo IV de la obra de J. Perea, sobre “El modelo de Iglesia subyacente a la pastoral del clero vasco 1918-1936)”; la historia de la Iglesia “vasca” contemporánea de I. Villota o el libro tesis doctoral de Ángel Mª Unzueta, “Vaticano II e Iglesia local. Recepción de la eclesiología conciliar en la Diócesis de Bilbao”, que es algo más que una estudio de la Iglesia en Bilbao, o, desde otro punto de vista, los estudios de Vicente Cárcel Ortí sobre las visitas apostólicas al Seminario de Vitoria, o los informes de los Nuncios de principios del siglo XX a Roma sobre la diócesis de Vitoria, le habrá extrañado ese comunicado.

Tengamos en cuenta que la táctica del comunicado es la habitual forma de expresión de un nacionalismo eclesiástico que está en los últimos estertores, cuyo problema, como se puede apreciar en el texto, no es principalmente el nacionalismo, sino la eclesiología que ha asumido esos principios implícitos en la ideología nacionalista, y que ha hecho posible el popurrí de la teología liberacionista con una eclesiología que difícilmente se podrá definir como católica, en el más puro sentido de la palabra.

Tengamos presente el ejemplo de la historia: Por ejemplo, la carta que 339 sacerdotes de las diócesis vascas entregaron, en mayo de 1960, a sus obispos, hasta tal punto que el 29 de junio de 1960, el Nuncio monseñor Ildebrando Antoniutti, en la homilía de celebración de la ordenación episcopal de monseñor Cirarda, se refirió a las actitudes que ha de mantener un sacerdote con su obispo e identificó la oposición del sacerdote al obispo con la separación con Cristo mismo. Podemos referirnos, también, al movimiento GOGOR o al “Erri Gaztedi”. Para qué seguir.

Quienes conocen a fondo la situación de la Iglesia en San Sebastián saben de la fidelidad de muchos sacerdotes. Y también de la diferencia de esta Iglesia con algunas de las limítrofes que, por su pasado y por su forma de configurar la estructura de la diócesis, son más comunitarias, por no decir asamblearias. Recuerdo que no hace mucho tiempo, el iniciador del Camino Neocatecumenal, en una visita a una capital del País Vasco, subió a lo alto de un monte para leer la Escritura, orar y pedir a Dios la expulsión de los demonios, una especie de exorcismo. Así lo contó en una conferencia posterior. Por algo será…

 

José Francisco Serrano Oceja