Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Goebbels anda suelto

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Un solo caso de pederastia es injustificable, un crimen que clama al cielo, un horrendo pecado. Benedicto XVI ha escrito con la sangre del dolor de padre otra carta más. Ahora, una carta en la que mira a los ojos a la iniquidad de las tinieblas en el corazón del hombre para, con la fuerza de la gracia de Cristo, expulsar los nuevos demonios de la posesión social. Estremece leer, en la prensa internacional, ese espacio en el que se conjuga el bien con el mal en tiempos indefinidos, por ejemplo, el testimonio de don Aldo Trento, sacerdote de la Comunidad de san Carlos Borromeo, de Comunión y Liberación, misionero en Paraguay. Quizá porque el pasado verano tuve la oportunidad de oír de este sacerdote, con una experiencia de vida muy similar a la de Agustín de Hipona, hablar de los sufrimientos de la Iglesia, de las campañas internacionales, de la masonería… de muchas cosas más, me parece profético. Su artículo ha sido publicado en Il Foglio.

Pero lo que también he leído es que Hitler anda suelto. O mejor dicho Goebbels, para más señas. No es sólo una metáfora, aunque lo parezca. Monseñor Müller, obispo de Ratisbona, escribió un artículo hace unos días, después de su viernes santo anticipado, en el que recordaba que el diario Süddeutsche Zeitung mencionaba, “en el contexto de campañas regulares de los medios de comunicación contra el celibato y la moral sexual católica, el discurso de la izquierda en Berlín en 1937. Delante de 20.000 fanáticos, miembros del partido, miles de sacerdotes y religiosas católicos fueron sistemáticamente humillados y acusados por el celibato y por prácticas sexuales perversas. El objetivo era exponer a los miembros del clero católico al desprecio público”.

Estos días, Andrea Affacaticati insistía en ese discurso, pronunciado el 28 de mayo de 1937, por el ministro de la propaganda, Joseph Goebbels. Una historia que se abordó en un libro publicado en 1971, en Alemania, titulado “Los procesos de 1936 a 1937 contra la moral pública de los miembros de las fraternidades y de los sacerdotes”, escrito por Hans Günter Hockerts. En el texto cuenta cómo el nazismo utilizó los casos ocurridos en la comunidad de Waldbreitbach para hacer la guerra pública a los sacerdotes católicos. Goebbels ordenó que en todos los periódicos del Reich se refirieran minuciosamente, con detalles, a esos casos con profusión de portadas, títulos, fotos, sumarios. El brazo derecho del ministro de la propaganda en esta operación fue Alfred-Ingemar Brenda, encargado de un siempre torticero ejercicio de sentar las tesis o crear los estereotipos, las frases consigna que se repetían en todos los periódicos, como por ejemplo aquella que decía que “Las sacristías se han transformado en burdeles”. En el citado libro se reproducen los argumentos que el ministro de la propaganda utilizó en el discurso en la Deutschlanhalle. Acogedor.

No debemos olvidar que, en el mes de marzo de 1937, Pío XI había publicado la Encíclica “Mit brennender Sorge” contra el totalitarismo nazi. ¿Quién encíclica ha publicado ahora Benedicto XVI? La caridad en la verdad.

José Francisco Serrano Oceja