Miércoles 18/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Fe y olimpiadas

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Pido perdón si a algún lector le llama la atención un título semejante. No encontré otro más expresivo para el comentario a las dos noticias relacionadas con los juegos olímpicos, que recogen estas líneas. Y las dos noticias se refieren a la Fe, a la Religión.

La primera, y para comenzar con la de más contenido, es que hay varias delegaciones nacionales que tienen un capellán para la atención espiritual de los atletas que lo deseen.

"Considero la ciudad olímpica como un espacio parroquial o un oratorio, en donde nadie es indiferente a la figura del sacerdote, una figura muy apreciada y aceptada en la que la diversidad de situaciones lleva a establecer relaciones diferenciadas".

Don Mario Lusek, capellán de la delegación italiana, se expresa con claridad. Es ya la tercera olimpiada en la que participa, porque desde los juegos de Seoul, en 1988, Italia decidió acompañar a sus deportistas con un sacerdote. Siguiendo su ejemplo, las delegaciones de Polonia, Austria, Alemania, entre otros, tienen ahora también capellán.

"En el interior de la ciudad olímpica existe un centro multirreligioso, con los credos cristianos y de las religiones mñas difundidas. La figura del capellán es original porque está en el centro de la estructura, junto a los atletas y por tanto demuestra una cercanía amiga entre la Iglesia y el mundo del deporte".

Don Mario sabe que la Fe, la Religión, la Iglesia, es cercana al hombre, a la mujer, en cualquier actividad que realicen, y lógicamente, también en el deporte. Los atletas no dejan su Fe en un buzón fuera de la ciudad olímpica, para recogerla de nuevo cuando se vayan.

"Aquí se encuentran personas que preguntan, piden, participan en la Santa Misa. Otros, en cambio, se quedan en las relaciones humanas informales, de diálogo y profundización, sin la mínima hostilidad ni riesgo por la presencia del sacerdote".

Y don Mario transmite su experiencia: "En el contingente italiano hay más de trescientas personas, con cultura y experiencias seguramente diversas. El deporte favorece la relación con la fe porque es una metáfora de la vida, la competición deportiva y espiritual pueden coincidir como perspectiva existencial".

La segunda noticia tiene otro cariz. El Comité Olímpico Internacional ha prohibido expresamente "que ningún material impreso o libro de carácter religioso podrá ser introducido en los estadios". Prohibición que vige de manera particular para todos los aficionados dispuestos a participar en el expectáculo.

¿Por qué esto ocurre en Londres en el año 2012, y no se les pasó por la cabeza a los organizadores chinos de las olimpiadas de Pekín, en 2008?

El COI se justifica diciendo que quiere "evitar cualquier conflicto religioso o político, con ocasión de los juegos", deseo verdaderamente encomiable. La medida adoptada, sin embargo, parece más apta a provocarlos que a alejarlos. ¿Van a registrar a los aficionados para encontrar unos Evangelios, una estampa de Juan Pablo II, un libro de Lao-Tse; de Confucio; el Corán, dentro de las mochilas? Esperemos que no.

Y esperemos también que no prohiban a los atletas hacer la señal de la cruz al comenzar la competición. A la pregunta sobre este gesto, don Mario responde:

"En general no lo hacen por superstición sino como un testimonio de su fe, y esto se transforma en un testimonio público. Soy favorable a esto".

Y yo, también. Que me sigo persignando todos los días en la primera salida a la calle, como en mis primeros años de colegio.

ernesto.julia@gmail.com

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