Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Esclavos de la mentira

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“La verdad os hará libres” leemos en el Evangelio, y durante siglos quienes se han encontrado con esas palabras han tenido una ocasión de reflexión: ¿Por qué es tan importante la Verdad para mi libertad? Ser libres es vivir con sentido, y es difícil conocer el sentido de la vida si no se conoce el principio y el fin de la existencia de los hombres. Quien nos engaña dificulta nuestro camino. Quien nos oculta la realidad nos deja ciegos para elegir. Sin una visión trascendente de la existencia humana nos quedamos en lo superficial, en lo material, y podemos llegar a pensar que nos hace felices el placer.

No creo que sea ninguna temeridad asegurar que algunos políticos prefieren un pueblo torpe, sin formación, sin conocimientos intelectuales. El “pan y circo” de los romanos, traducido a futbol y tertulias televisivas de la más baja estofa. No les interesa que conozcamos la verdad y nos la ocultan, y no deja de ser un poco triste la escasísima capacidad de reflexión de mucha gente para buscarla. De manera que se tragan la mentira sin miramientos.

Samuel Jonhson, ya en el siglo XVIII, escribía: “En los tiempos en que vivimos abunda una curiosa raza de mentirosos que se sienten muy satisfechos por la capacidad que tienen para mentir, y por un peculiar orgullo de saber con qué facilidad pueden engañar a los demás, aunque no tengan ningún beneficio de ello”. Se ve que es raza antigua y que pervive. Pero a nadie le gusta que le engañen. Si sorprendemos a un amigo que nos ha dado gato por liebre o nos ha contado una trola para justificarse, nos entristecemos y tendemos a perder su confianza. Nos molesta, nos duele. Que nos engañe un truhan en un mercado no nos gusta, pero podríamos contar con ello. Que nos engañe un familiar muy cercano nos desarma, no lo esperábamos. Sin embargo parece que a muchas personas no les molesta que los políticos les engañen.

Oscar Wilde, con su ironía habitual, consideraba la conveniencia de publicar “una cartilla breve, ‘Cuando mentir y como’, y se sacara en el formato atractivo y no excesivamente caro; sin duda alcanzaría una gran venta y resultaría de auténtico provecho práctico para muchas personas serias y reflexivas”. Si todavía no se ha publicado será por superfluo.

Las bromas son habituales, pero mentir, engañar a una persona, es ir directamente contra su dignidad. Y engañar públicamente es burlarse, o intentarlo, de la mayoría de la gente. ¿Es posible quedarse impasible ante los engaños? Conformarse con la mentira no es sólo descubrirla ante nosotros sin inmutarnos. Conformarse es no tener espíritu crítico, no reflexionar. Es leer indefectiblemente el mismo periódico siempre, ver el mismo telediario siempre, consultar en las mismas webs siempre.

Se puede decir entonces que una persona así es esclava de la mentira, porque no busca, no compara, se fía de una sola fuente, cuando la realidad es bastante compleja y necesitamos de puntos de vista variados. Fiarme de mi madre, de mi conyugue, de mi amigo, es lógico. Sería la vida muy dura sin confianza. Pero fiarme de los medios es lógico sólo a medias. Cada uno tiene su punto de vista y yo debo buscar lo objetivo. Nos hace libres la Verdad y es nuestra responsabilidad buscarla. La peor dictadura es la de la mentira.

Ángel Cabrero UgarteC.U. Villanueva