Sábado 19/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Emergencia educativa

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La intervención del arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, en los cursos verano de la Universidad Católica "San Vicente Mártir", tuvo la virtud de conjugar la experiencia de un obispo, que antes de serlo se dedicaba a la labor docente, con una síntesis cuidada del magisterio de Benedicto XVI sobre el estado actual de la educación.

El concepto sobre el que giró su ponencia, que tenía como título "Iglesia y Universidad", fue el de "emergencia educativa". A los créditos de la biografía del arzobispo de Valencia en esta materia se deben sumar más de ochenta colegios, propiedad de esa Iglesia local. Valencia es la diócesis de toda España con una red educativa propia más extensa y consolidada.

Arrancó su intervención de una definición de la emergencia educativa en relación con la causa primera que la genera: el problema antropológico en un clima de abandono ético, especialmente en las nuevas generaciones. La pasión por la verdad, que siembra la Iglesia en el corazón de los hombres, es también pasión por el ejercicio de la razón. El ejercicio de la caridad intelectual exige, en las Universidades católicas, la proclamación de la Verdad de Dios y de la verdad sobre el hombre en Jesucristo.

Según monseñor Osoro, en este momento de emergencias, la tarea primordial es la de formar y conformar una inteligencia capaz de ser sensible al horizonte de sentido. Para los que ponen a Dios entre paréntesis, como si fuera una hipótesis innecesaria en la vida universitaria, el arzobispo de Valencia les propuso un ejercicio de apertura a la realidad, y a lo que la realidad significa; una apertura a las dos fuentes que hacen al hombre ir más allá en el desarrollo histórico cultural: la revelación y la razón como garantes frente a las decisiones arbitrarias de la voluntad del más fuerte, del más poderoso.

Hubo un momento de especial sinceridad en la conferencia del arzobispo de Valencia cuando se refirió a la tarea de las Universidades católicas y de inspiración cristiana ante el hecho de su proliferación, que tiene varias raíces históricas. Sin entrar a detallar, monseñor Carso Osoro insistió en que vivimos en una crisis de verdad, crisis de Universidad, y lo que se exige de las Universidades Católicas es cooperación, coordinación, apoyo y ayuda mutua. Especialmente insistió en la necesidad de que los profesores no sólo supieran y supieran enseñar, también se refirió a la exigencia, en las Universidades Católicas, de saber creer y enseñar a creer con el testimonio de vida y la coherencia profesional.

Todo un reto ante un panorama educativo, y universitario, que necesita de una conversión y de una reconversión.

jfsoc@ono.com

“Somos
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