Martes 17/10/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Don Carlos en la Menéndez Pelayo

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

Más artículos de Jose Francisco Serrano »

Anduvo el arzobispo de Madrid en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo –sin y-, pronunciando una conferencia sobre antropología e Iglesia en la democracia. Anduvo en el mismo aula en el que don Olegario González de Cardedal había impartido, días atrás, sus lecciones sobre la mística y los místicos españoles. De ahí que el ambiente de elevación se palpaba. Máxime cuando monseñor Osoro quiso hablar de pie, “como lo hacen los profesores, como lo he hecho durante tanto años”.

Perspectiva de la conferencia de don Carlos. Los nombres, los hombres, las citas a pie de página en su parlamento. Para hablar de Iglesia y de democracia, y del sistema de valores, el magisterio es el primer recurso. Juan XXIII, Pablo VI, el Concilio Vaticano II, la Gaudium et Spes, san Juan Pablo II, y sus encíclicas sociales, y Benedicto XVI en su perspectiva de que la cuestión de la Doctrina Social es la cuestión antropológica.

Y de los obispos españoles mucha cita del documento de 22 de abril de 1986 “Los Católicos y la Vida pública”, que  vino después de “Testigos del Dios vivo”, emblemas de una época.

De la Iglesia al diálogo con el mundo, en esta ocasión, de la política, en perspectiva del Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, ampliamente citado. La primera, y sorprendente, referencia a Winston Churchill, que decía aquello de que la democracia es inclinarse de vez en cuando ante la opinión de los demás. Después, para aclarar la noción de persona –de la que ofreció un amplio y matizado desarrollo- trajo consigo a Pedro Laín Entralgo, con lo que entroncaba con el pensamiento clásico español contemporáneo. Por cierto, una línea argumental que es frecuente en sus últimos escritos. Muestra de ello, el titulado “Qué nos pasa que no sabemos lo que nos pasa”, de amplio raigambre Orteguiano.

Y como no podía ser menos, el diálogo Habermas-Ratzinger. Para concluir con un amplia glosa de la bula del Año de la Misericordia del Papa Francisco. Y, entre medias, algunos mensajes claros, claritos, claros, para los nuevos tiempos: La convivencia en democracia supone un desafío; el ser humano es perfectible, y el ámbito de la política no es una excepción; No condenar/perdonar/no juzgar/dar/. Mirar a la tierra y al cielo para entender la historia; ofrecer espacios a las iniciativas generosas; proponer esperanzas; convocar a una ilusión renovada y dinamismo común; salir con la confianza de que el modo de entender la vida del Evangelio sana, plenifica, inspira y contagia.

Don Carlos, así, en la Menéndez Pelayo –sin y-.

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·