Sábado 19/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Dieciséis bautizos

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Hoy quiero comentar uno de esos hechos que pasan normalmente muy inadvertidos, salvo para las personas que participan en ellos. Son acontecimientos que no llegan a ser noticias de primera página en ningún periódico, y que nadie se toma el trabajo de lanzarlo por ninguna reda social: el bautizo de una criatura.

"Es siempre una alegría celebrar esta Santa Misa con los bautismos de los niños, en la fiesta del Bautismo del Señor".

Benedicto XVI estuvo gozoso aquella mañana de domingo. Desde hace ya varias décadas ese día, fin del tiempo de Navidad, el Papa baja a la Basílica de San Pedro y vive la alegría de una serie de familias por el primer gran regalo que hacen a sus hijos, después del nacimiento: la vida de hijos de Dios en Cristo Jesús. Esta vez fueron 16, sin referencia al nombre del Papa: el año pasado fueron 21.

"Han venido –lo han dicho en voz alta- para que sus recién nacidos reciban el don de la gracias de Dios, la semilla de la vida eterna. Lo han querido los padres. Han pensado en el bautismo todavía antes de que su niño o su niña fuera dado a luz".

El Papa, que tanto ha animado, y anima, a los padres para que se interesen a fondo en la educación de sus hijos, para que no abandonen en manos de ninguna institución, y mucho menos, de ningún gobierno, la sagrada responsabilidad de educar a sus hijos; se alegra alabando la decisión de los padres de solicitar a la Iglesia el Bautismo de sus criaturas.

"Su responsabilidad de padres cristianos les hizo pensar enseguida en el sacramento que marca la entrada en la vida divina, en la comunidad de la Iglesia. Podemos decir que ésta ha sido su primera decisión educativa como testigos de la fe hacia sus hijos: ¡la elección es fundamental!".

Una elección, no una simple costumbre. Un detalle más que hay que tener en cuenta con el paso de los días. No. Y el Papa subraya expresivamente, que se trata de una elección, y ¡fundamental!

Cuando los padres son conscientes de que las criaturas son hijas suyas, e hijas de Dios, la perspectiva de educarlos adquiere otras dimensiones. Y la primera, y más amplia, es la de la Fe. No es corriente que la madre se acuerde de que, apenas comienza el embarazo, la criatura que crece en su seno tiene ya un Ángel de la Guarda que presenta los latidos de su corazón a Dios.

En la educación completa de sus hijos, y en especial en la educación en la Fe, no van a estar solos. "La tarea de los padres, ayudados por el padrino y la madrina, es la educar al hijo, a la hija. Educar compromete mucho, a veces es arduo para nuestras capacidades humanas, siempre limitadas. Pero educar se convierte en una maravillosa misión si se realiza en colaboración con Dios, que es el primero y verdadero educador de cada ser humano".

Con el Bautizo de un hijo, de una hija, Dios Padre entra más de lleno en la familia, si es posible hablar así, y envía el Espíritu Santo para que aquella criatura crezca siempre en unión con Cristo.

"Es muy importante para vosotros, padres, y también para los padrinos y madrinas, creer fuertemente en la presencia y en la acción del Espíritu Santo (...) Es Él de hecho el que ilumina lamenta, caldea el corazón del educador para que sepa transmitir el conocimiento y el amor de Jesús".

Brillaba el sol aquella mañana en Roma. Y Benedicto XVI contempló el rostro de las dieciséis criaturas, sonrió y las confió "a la guía materna de María Santísima, para que crezcan en edad, sabiduría y gracia y se conviertan en verdaderos cristianos, testigos fieles y gozosos del Amor de Dios".

El nuevo año, 2012, se abría a la esperanza en el corazón de dieciséis familias.

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com

“Somos
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