Jueves 19/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Desmoralización social

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Un artículo de...

Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

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Los variados casos de corrupción están desmoralizando a los españoles. No hace falta hurgar más en la herida de la gente ni dejarse llevar por el alarmismo alimentado por algunos medios de comunicación oral, escrita y televisiva, por no hablar de de la epidemia de pronunciamientos desaforados a cargo de usuarios de la redes sociales.

Reaparece el Guerrero del Antifaz

Hace falta un poco de de moderación para no imponer tantas penas de telediario y de tertulias escandalosas. Hace años que varios jueces están jugando a reinventar al Guerrero del Antifaz para resolver de un plumazo todos los males que nos aquejan, mandando a la Guardia Civil para esposar a los “presuntos”. No cabe concluir que todos los jueces están politizados, y menos que todos los comunicadores son igualmente frívolos, y menos aún que todos los políticos son iguales.

Por eso da miedo oír a esos fanfarrones de la rectitud que acusan a un partido desde una supuesta altura moral ocultando con hipocresía sus propias corrupciones multimillonarias. Peor aun los populistas que se presentan como nuevos cirujanos que pueden regenerar la vida política, porque el bisturí que esgrimen hoy puede ser mañana el puñal que corte en seco la libertad de quieren no piensen como ellos.

Regeneración moral de la sociedad española

Si bien la mayoría está alarmada con razón no se encuentran sin embargo tantos que acepten la raíz moral de esta profunda crisis social. El teólogo Olegario González de Cardedal se preguntaba “¿qué mutaciones se han dado en las conciencias para llegar a tales acciones y omisiones?” Considera que la real explicación hay que buscarla en la culpa moral de una generación que ha relegado la moral cristiana y no ha cultivado la ética civil. Los jóvenes y sus progenitores se encuentran ahora desnortados y colgados del abismo del nihilismo que todo lo arrasa, principalmente los principios morales y las verdades permanentes, y nada ofrece salvo el salto al vacío. El populismo rampante es una clara muestra de ello.

Por su parte el pensador Javier Gomá propone algo positivo basado en el valor social del ejemplo, “la ejemplaridad pública”, de quien actúa con una conciencia rectamente formada. “No es suficiente cumplir la ley. Hay cosas legales que son un disparate. El ejemplo de uno beneficia o perjudica a su círculo”, afirma. No descubre nada nuevo cuando señala un error fatal del Estado de derecho en su versión clásica que es preciso superar y que se ha resumido en el “cumple la ley y haz lo que quieras”. Esa norma de conducta no se sustenta porque la persona es una unidad real y no es posible compatibilizar una vida privada inmoral y una vida pública honrada. Esto se llama esquizofrenia moral, una enfermedad especialmente moderna que destruye el valor de la conciencia y constituye un cáncer en el tejido social. De ahí proceden las corrupciones varias: las financieras pero también las políticas, las periodísticas y las familiares.

El rey Felipe VI ha reiterado la importancia de un modo de convivencia basada en la honradez y en hacer valer la palabra dada, pidiendo un “impulso moral a la sociedad” española. Sin embargo, a muchos españoles, incluidos políticos, profesores y tertulianos, les parecerán palabra vacías que no dan de comer ni llevan a la fama. Estos seguirán riéndose de quienes basados en la ética civil imperecedera y en las convicciones cristianas, llevan años trabajando por regenerar la sociedad de la profunda crisis moral que padecemos.

Palabras sabias

El libro de la Sabiduría describe a la perfección la persecución ominosa que los poderosos del mundo en cualquier época hacen del hombre sabio y justo. Comienza con estas palabras: “Amad la justicia, los que juzgáis la tierra, pensad rectamente del Señor y con sencillez de corazón buscadle. Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifiesta a los que no desconfían de él. Pues los pensamientos tortuosos apartan de Dios y su poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos.

Y el capítulo segundo retrata el corazón de los cínicos: “Venid, pues, y disfrutemos de los bienes presentes, gocemos de las criaturas con el ardor de la juventud. Hartémonos de vinos exquisitos y de perfumes, no se nos pase ninguna flor primaveral, coronémonos de rosas antes que se marchiten; ningún prado quede libre de nuestra orgía, dejemos por doquier constancia de nuestro regocijo; que nuestra parte es ésta, ésta nuestra herencia. Oprimamos al justo pobre, no perdonemos a la viuda, no respetemos las canas llenas de años del anciano. Sea nuestra fuerza norma de la justicia, que la debilidad, como se ve, de nada sirve. Tendamos lazos al justo, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación.

Se gloría de tener el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor. Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y se ufana de tener a Dios por padre. Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. Pues si el justo es hijo de Dios, él le asistirá y le librará de las manos de sus enemigos. Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará."

Así discurren, pero se equivocan; los ciega su maldad; no conocen los secretos de Dios, no esperan recompensa por la santidad ni creen en el premio de las almas intachables. Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen”. ¿Son palabras del siglo III antes de Cristo o del siglo XXI?



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