Lunes 21/08/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Desayuno de estilo victoriano

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Para hablar del desayuno del Ritz, nada mejor que un libro de estilo victoriano. Acaban de publicar los Discípulos de los Sagrados Corazones, perdón, la editorial Monte Carmelo, en su colección didáskalos, una novela ejemplar de Paul Bourget, que me sirvió de previo periodístico al encuentro con Fernando Giménez Barriocanal, Presidente de la COPE y Vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, que según dice el Código de Derecho Canónico es quien administra los dineros de la Iglesia como el buen padre de familia. La novela se titula “Nuestros actos nos siguen”. Relata el autor, en las primeras páginas, el encuentro de los protagonistas con el filósofo moral William James, del que transcribe la siguiente intervención: “En el fondo –decía el filósofo- la vida humana se me antoja como una tragedia en la que todos somos actores, y que conduce a un desenlace en el que cada uno de nuestros pensamientos habrá tenido su papel, siempre que haya sido sincero. También nuestros actos. Sí. Nuestros actos nos siguen. Este es el sentido de la palabra “responsabilidad””.

Ante la atenta mirada del arzobispo castrense, monseñor Juan del Río, entre amigos a diestra y a siniestra, Fernando Giménez se presentó tal y como es: un hombre de convicciones, de fe y de existencia cristiana, con una aguda inteligencia, que piensa cuando cuenta y cuenta al pensar. Discípulo dilecto de uno de los hombres que más han contribuido al bien y al bienestar de la Iglesia en España contemporánea, don Bernardo Herráez, este aún joven profesor de Economía, que en su tiempo fue decano con un rector que hoy es ministro del ramo, y de las ramas del saber, no se pierde por los árboles de la ontología conceptual trasfronteriza y siempre va al grano, a la suma, a la multiplicación, porque la Iglesia también sabe de combinaciones matemáticas. A Fernando Giménez, cordial siempre, cercano en todo, no le gusta la imagen, porque vive de las realidades más elementales, de los átomos de esta historia compleja y convulsa en la altura y la profundidad de lo humano; cabalga, por tanto, a lomos de la sinceridad y de la responsabilidad.

De la Cadena COPE se pueden, y se deben, escribir algunas tesis más. Es el ejemplo preclaro de que la ética necesita de la rentabilidad y de que la profesionalidad es el quicio del éxito en todas las industrias, especialmente en las periodísticas. La COPE está hecha a medida de la Iglesia; es paraguas de libertad y de verdad en un mundo en el que arrecian las tormentas, también comunicativas. La COPE no está sola. Le acompaña la Iglesia, un pueblo fiel, que no sabemos ya si es mucho o poco, pero es pueblo. Fernando Giménez Barriocanal, claro, distinto, cartesiano, directo, al grano, sin retóricas ni escolásticas, sabe dónde está, para quién trabaja y cómo servir a la Iglesia como la Iglesia quiere ser servida. Que no es poco.

José Francisco Serrano Oceja

“Somos
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·