Martes 22/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Cura de responsabilidad

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La crisis económica tiene raíces morales, como afirma Benedicto XVI y dicen algunos entendidos con sentido común.

Acabadas estas magras vacaciones conviene reflexionar y disponerse para actuar con responsabilidad personal, que es la clave de la Prudencia. Algunos creerán que es el nombre de una señora de pueblo, pero no, es el nombre de una virtud cardinal o sustentante bastante olvidada.

Hace muchos años que los países europeos han desarrollado el Estado de bienestar, que garantiza unos servicios a los ciudadanos, especialmente en sanidad, educación, vivienda y transportes, buscando votos por encima de todo. Un buen logro que ha exigido más impuestos y una ingente maquinaria estatal a todos los niveles, como comprobamos en la España de las autonomías.

Pero las bases de este Estado de bienestar son frágiles por su dependencia de una antropología deficiente. En lugar de avanzar en responsabilidad personal, en virtudes y en valores morales, ha crecido en irresponsabilidad, vicios y corrupción. Muestra de ello son las leyes permisivas que favorecen el divorcio y el aborto como derechos sociales; o la ideología de género como cáncer silencioso que va destruyendo el matrimonio y de la familia; o la corrupción de muchos poderosos en la economía y la política. La montaña de procesos judiciales contra cargos públicos por presuntas corrupciones y prevaricaciones tiene paralizados los juzgados y escandalizados a los ciudadanos. ¿Quiénes son las principales víctimas del Estado de bienestar? Los jóvenes y los pequeños que se alimentan por ósmosis de una falta de responsabilidad y de un exceso de egoísmo, que ven en la calle y a veces en su familia.

Por todo ello parece necesario hacer una cura de responsabilidad para que cada uno administre sabiamente su libertad, arrime el hombro y aprenda a ser un ciudadano ejemplar. Es difícil, pero vale la pena intentarlo por el bienestar de todos; y actuar según una conciencia recta que sabe distinguir el bien moral del mal. En suma, la culpa no es de los otros, sobran los victimismos y los indignados. Y cada uno debe trabajar con honrada responsabilidad sin esperar que papá Estado le resuelva la vida. En la calidad de la educación, diferenciada o no, está la clave.

Jesús Ortiz López

“Somos
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