Martes 06/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

De Congresos y demás planes

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La celebración del Congreso Eucarístico Nacional en Toledo iba a suponer el cierre categorial, punto 8, del Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española: “Yo soy el pan de vida (Jn 6, 35). Vivir la Eucaristía”. Ciertamente, no estamos en época de planes de pastoral, quizá porque la realidad haya desbordado toda planificación –quién sería capaz de planificar los envites que ha sufrido social y públicamente el cristianismo en los últimos tiempos- o quizá porque las metodologías subyacentes a estos planes se habían quedado en capítulos anteriores del libro de la historia. Benedicto XVI, pudiéramos denominarle “el planificador acreditado”, ha colocado a la Iglesia en los años especiales, el de San Pablo, el Sacerdotal. Propuestas de sentido con un contenido que se entiende.

Pero estábamos, como ha estado este fin de semana la Iglesia en España, en el Congreso Eucarístico, cerca de la Eucaristía, centro y culmen de la vida cristiana. Con la palabra, y con la oración, y no sé si tanto con el pensamiento, entre notas de prensa, de texto y contexto complejo, con titulares dentro y fuera de sentido, con retransmisiones y emisiones en línea, y silencio informativo en la cristiandad, en este Congreso han podido las homilías, y el fervor eucarístico, a las conferencias. Homilías breves, bellas, cargadas de teología, de espiritualidad, de experiencia cristiana, como las pronunciadas magistralmente por el arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez Plaza.

¿Acaso el método de presencia masiva de la Iglesia será el de la homilía y no el de la conferencia? La homilía es acción, es palabra, símbolo, celebración, liturgia. La conferencia, entre clase magisterial y discurso, es arenga de ideas, va por lo secular. Será lo propio de un método que, aunque vivo y eficaz para otros tiempos, el de los Congresos, hoy adquiere nuevos perfiles. Unos Congresos de los que dijo, en forma de saludo-testamento, el cardenal Sodano en su mensaje inicial: “En realidad, Toledo ya fue, en el año 1926, sede del Tercer Congreso Eucarístico Nacional. Además, en España se celebraron tres Congresos internacionales: en Madrid (1911), en Barcelona (1952) y en Sevilla (1993). Una herencia del primero fue su himno ‘Cantemos al Amor de los amores’, que desde entonces entonan todos los fieles de habla española. Durante mi servicio a la Santa Sede en Ecuador, en Uruguay y en Chile, he oído tantas veces cantar esta hermosa melodía. También perdura el himno de 1952, ‘De rodillas, Señor ante el Sagrario’. Y nunca olvidaremos el Congreso de Sevilla quienes tuvimos la dicha de estar allí, junto al Siervo de Dios Juan Pablo II, de santa memoria”.

José Francisco Serrano Oceja