Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Un Congreso Eucarístico para andar por casa?

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Ya tenemos el programa del X Congreso Nacional Eucarístico. Ya tenemos esbozado lo que será, en Toledo, una de las actuaciones más importantes de la Iglesia en España, según decidió la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal en cumplimiento del Plan Pastoral 2006-2010. Por cierto, un Plan que ha caducado y que demanda otro plan u otros planes. No es la primera vez que Toledo alberga un Congreso Eucarístico. Ocurrió ya con el Tercero Nacional en 1926, que se celebró después del 22 Congreso Eucarístico Internacional, en el Madrid de 1911. Por más que queramos, el Congreso que vamos a vivir en mayo, al menos por su contexto, y no creo por el texto del desarrollo de las ponencias y de los ponentes, se debiera parecer más al de 1911 y que al del 26.

Con permiso del historiador Andrés Martínez Esteban, tengo que referirme a la Ley del Candado de Canalejas, al cardenal Merry del Val, al Nuncio Vico, al cardenal Aguirre, a la celebración de una Asamblea de cuarenta y ocho obispos el 28 de junio, a Pío XII, a la “Inter Católicos Hispaniae”, al “ex novo y prout sonant”, a los jesuitas, a los jesuitas de Razón y Fe, a la división entre los católicos, entre el episcopado, a la imposición del cardenal Aguirre por el Papa como legado pontificio -quién será el del proyectado ahora, ¿el cardenal Cañizares, por la lógica de la Congregación y de haber sido el Arzobispo Primado de España?-, al nacimiento de “El Debate”, al cambio en la política en la relación con el Estado, a Alfonso XIII, tan atento y tan devoto…

¿Y ahora? Esperemos que, con el contexto de nuestros días, los grandes ponentes del Congreso, todos ellos eclesiásticos, dos arzobispos españoles, sí tranquilos, dos; más dos teólogos, con unas mesas redondas en las que, al fin, nos encontramos con la cuota seglar, no se olviden del aquí y del ahora, la política y la cultura y la comunicación desde el cuerpo de Cristo, o acaso los organizadores no se han percatado de la existencia y éxito de las nuevas teologías, la de los discípulos católicos de Milbank, las que glosa, discutiblemente, pero con olfato, el jesuita Izuzquiza en su tesis doctoral, por ejemplo. Ahí deseamos ver a don Javier Martínez y a don Ricardo Blázquez. No está nuestro tiempo para un Congreso Eucarístico Nacional de andar por casa.

Pío XII, el 19 de mayo de 1957, a los participantes del IV Congreso Eucarístico Nacional de Granada, les recordó que “en este templo sin par, cantando al Amor de los Amores, amando a su Señor, cantando a ese Dios, está ahí toda España, la de los Concilios Toledanos con su vetusta fe en la presencia real (cfr. L'Eucaristia nei primi tre Concilii di Toledo, de G. Lachello, Pont. Univ. Gregoriana, 1938); la de los grandes Padres defensores de esta misma creencia: Leandro, Ildefonso, Braulio y, sobre todo, el gran Isidoro (De eccles. officiis, 1.I, c. 18, Migne P. L. tom. 83 col. 755)”… ¡Qué escalofríos!

José Francisco Serrano Oceja