Miércoles 23/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Confusiones religiosas en la campaña electoral de EEUU

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Da la impresión de que esta vez va a ser distinto, quizá por la creciente igualdad entre los dos candidatos. Hasta ahora, funcionábamos con la doble idea de que EEUU es un país de fondo religioso, pero con una neta separación entre Iglesia y Estado.

Desde los sesenta, cuando se aceptó que un católico pudiera llegar a la presidencia, la religión había quedado siempre en muy segundo plano. Pero estos últimos meses se han producido acontecimientos inesperados. El más importante quizá ha sido la dura crítica de las autoridades religiosas contra la imposición de la reforma sanitaria de Obama: no por su inspiración social, sino por la falta de respeto a la libertad religiosa de las instituciones confesionales. El asunto no está zanjado jurídicamente. De hecho, seguidores de Romney lo han utilizado en la campaña con algún video impactante, que incluye imágenes del Papa Juan Pablo II, y acusa a Obama de provocar una "guerra de religión".

De otra parte, a la aparente tibieza de la familia Obama –suele olvidarse que es católico Joe Biden-, se une el también aparente compromiso personal de los candidatos republicanos: Mitt Romney, mormón; Paul Ryan, católico. Las suspicacias iniciales ante la posibilidad de que llegase a la Casa Blanca un discípulo de José Smith, se fueron diluyendo durante las sucesivas primarias, también porque Romney soslayó los intentos de mezclar religión y política. Antes, el candidato podía ofrecer una sólida trayectoria política y económica en cargos políticos y empresariales, compatible con su no menos sólido cumplimiento personal y familiar de las exigencias de su religión: fue "obispo" de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días en Boston, muchos años antes de llegar a ser Gobernador de Massachussets.

Las reticencias han resurgido ahora ante su decisión de contar como vicepresidente con un católico, joven y brillante. ¿Podrá ganar las elecciones un ticket sin ningún protestante? Las críticas a Ryan proceden, sobre todo, de su actitud en materia presupuestaria. Algunos medios de comunicación se han apresurado a enfrentarle a los propios obispos católicos por su visión de la austeridad económica y de la drástica reducción del gasto público. Se produce la clásica paradoja de los laicistas: aplauden cuando los sondeos reflejan que no todos los católicos siguen con fidelidad la doctrina de la Iglesia en temas morales personales; en cambio, se "escandalizan" cuando el distanciamiento se produce, como en este caso, en netamente sociales, e invocan que algún documento episcopal calificó los recortes de fondos con adjetivos fuertes: "inaceptables", "injustificados", "equivocados". Según encuestas que cita Robert P. Jones en washingtonpost.com, la mayoría de católicos está de acuerdo con Ryan en que disminuir el déficit es un problema capital, pero muchos no comparten el enfoque para lograr este objetivo.

Se comprende también la posible oposición, pues tradicionalmente los católicos votaban más a los demócratas que a los republicanos. Mostraban en buena medida diferencias de origen y situación social, y solían ser partidarios de grabar más a los ricos. Ahora, el 73% de los católicos piensa que, para reducir el déficit, el gobierno debe aumentar los impuestos a los que ganan más de un millón de dólares al año. El 55% considera que deben ser eliminadas las desgravaciones fiscales para las grandes empresas.

En el fondo, la cuestión de las dimensiones del Estado, y de su responsabilidad sobre las desigualdades, reabre el viejo debate del neoliberalismo, nunca bien aceptado en las filas católicas, a pesar de la claridad con que la doctrina social de la Iglesia defiende el principio de subsidiariedad. Será punto central en la convención republicana que se abre el martes en Tampa (Florida), con permiso del imprevisto huracán Isaac. Allí deberá zanjarse también la postura republicana sobre asuntos de actualidad, como el aborto o las uniones homosexuales, en las que parecen coincidir Romney y Ryan, salvo matices.

Por si fuera poco, contribuye a echar leña al fuego la presencia del cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, en la convención republicana. La presencia de autoridades religiosas en ese momento solemne de la vida de los partidos es una tradición centenaria. Pero protagonizada por obispos locales, a modo de mera cortesía.

Pero el Cardenal Dolan ha sido la punta de lanza en la batalla por la libertad religiosa contra Obama. Según un portavoz del arzobispado, responde a una invitación y también habría aceptado una invitación del Partido Demócrata. No se trataría de un apoyo formal a la candidatura: "Es un sacerdote que va a rezar". Para muchos, ese hecho aporta demasiada confusión a una campaña que no va a ser precisamente de guante blanco.

Salvador Bernal

“Somos
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