Lunes 21/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Carmen Hernández, el genio femenino

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Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Carmen Hernández era el genio femenino del Camino Neocatecumenal y su conexión con el Vaticano II. Junto con el madrileño hasta la médula Kiko Argüello, inició una forma, -el valor de la forma según la teología de Von Balthasar-, de encuentro con Cristo que ha rejuvenecido a la Iglesia. La Iglesia se renueva con la presencia del Espíritu y con el testimonio de vida de los cristianos.

En el libro escrito por Kiko Argüello, “El Kerigma. En la chavolas con los pobres”, cuenta que se encontró con Carmen en Palomeras. Era una misionera que se estaba preparando para ir a la India “y había tenido contactos con el arzobispo Manrique para ir también a Oruro, Bolivia, con los mineros”.

La conoció a través de la hermana de Carmen, que formaba parte del grupo en el que estaba Kiko que intentaba ayudar a las prostitutas y a los drogadictos. Y confiesa Argüello: “Dios ha querido que Carmen y yo estuviéramos juntos en esta obra. A través del padre Farnés, que es un gran liturgista al que había conocido en Barcelona, me puso en contacto con la renovación del Concilio Vaticano II. Siempre ha dicho la verdad, aportando al Camino todo el descubrimiento del misterio pascual de Cristo”.

No es hora de glosar en detalle la biografía de Carmen Hernández, fallecida en Madrid el pasado martes. Aún recuerdo la visita a su casa madrileña en la que siempre estaba dispuesta a hacer agradable la estancia al huésped circunstancial.

Sirvan estas letras de homenaje a una mujer que peleó por la dignidad de lo femenino en la Iglesia, y en el Camino. Imprevisible, espontánea hasta la médula, correosa a veces en sus afirmaciones, siempre cristalina, Carmen era un contrapunto que mostraba la realidad y la riqueza de las relaciones humanas que están en el tejido de la vida en el Espíritu.

En varias ocasiones pude comprobar como ese genio de Carmen rompía los esquemas y hacía que, hasta el Papa Juan Pablo II, sonriera con un rictus de compasión y amor paternal.

Y no digamos nada el cardenal Rouco, por el que Carmen sentía una especial admiración. No en vano, en la carta que Kiko Argüello ha escrito a los miembros del Camino, con motivo del fallecimiento de Carmen, dice que “el arzobispo de Madrid ha aceptado que se haga el funeral de Carmen, con el cuerpo presente, en la Catedral”. Se ha confirmado la presencia del cardenal Rouco.

No es posible entender a Kiko Argüello, al Camino Neocatecumenal,  sin Carmen Hernández. No es posible comprender la teología del Camino, su liturgia, sin la aportación de una mujer que fue inspiradora inicial de esa teología y de esa liturgia.

En la ya citada carta de Kiko, éste escribe que “en los anuncios, con los jóvenes, y con el Papa, como ahora en Cracovia, siempre les decía: “La mujer es lo más importante de la Iglesia, porque lleva en su seno la fábrica de la vida. Por eso en la primera página del Génesis hasta el final del Apocalipsis siempre el demonio persigue a la mujer”. Y terminaba diciendo: “Al Kiko os lo regalo”.

“Somos
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