Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Bienvenido señor Nuncio

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Del anunciado nombramiento del Nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini, y de sus primeras y prudentes declaraciones a la Radio Vaticana, la Radio del Papa, no hay, sinceramente, mucho que decir. Si acaso que tuvo que intervenir el director de los servicios informativos centrales de la todopoderosa radio para que nuestro Nuncio, ahora ya sí, hiciera esas declaraciones en las que no sobró ni una coma. Era lógico. Monseñor Fratini sabe que España es terreno minado, un predio con alta sensibilidad eclesial, y que la comunión de la Iglesia y el servicio a la sociedad exigen de esa característica prudencia de los legados pontificios.

Hubo quien consideraba que el gobierno español tardó demasiado tiempo en conceder el diplomático placet al legado del papa. Al menos se podían haber fijado en el tiempo que empleó la Santa Sede en dar el ok preceptivo y ritual al nombramiento del último embajador de España ante la Santa sede, don Francisco Vázquez –que parece ser está pensando ya en volverse a España, no se sabe si a un relevante cargo institucional-.

Para añadir más interpretaciones al caso, lo que no se podrá negar es que el próximo curso para un embajador del perfil de ese gallego universal, que es don Francisco, no va a ser nada fácil. Cuando la aprobación de la última ley del aborto, Vázquez era diputado y ese día, a esa hora, en ese preciso instante, se ausentó del hemiciclo. No es un secreto su conocida oposición al aborto, y tampoco lo es que la Doctrina Social de la Iglesia le ayuda en su comprensión de la existencia, al menos de la social.

Con la nueva ley del aborto y con la nueva ley de Libertad religiosa tendrá que meter horas extras y no precisamente para su solaz y el de su interlocución permanente con la Vicepresidenta del Gobierno. Al final, como sigan así los proyectos, borradores, anteproyectos, anteborradores, sólo van a darle algo menos, o algo más, que disgustos.

Recordar que el nuevo Nuncio cuenta, lógicamente, con la total confianza de la Secretaría de Estado, en un momento en el que se han producido algunos cambios en los responsables vaticano de estas cuestiones, es una boutade. Sabe que también ha recibido el apoyo, y lo seguirá teniendo, de monseñor Manuel Monteiro de Castro que, indirectamente –y directamente en el caso de los nombramientos episcopales-. Y, sin duda, recibirá la experiencia del cardenal Rouco, como arzobispo de Madrid y como Presidente de la Conferencia Episcopal española, que le serán de mucha ayuda.

Contaba una vez un Nuncio que en sus años de joven diplomático se encontró en un monasterio con el arzobispo de la primera sede del país al que acababa de llegar, al ser nombrado consejero de la Nunciatura. Y al presentarse al arzobispo, éste ya anciano, lo hizo en razón de su cargo. A lo que el viejo prelado, arzobispo y cardenal, le contestó algo así como “mi querido monseñor, me da la impresión de que el primer consejero del Nuncio seguiré siendo yo”.

José Francisco Serrano Oceja