Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Benedicto XVI en 'Luz del Mundo'

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Con la publicación de este nuevo libro amaina la tormenta mediática que desvía el interés hacia un punto concreto, el del preservativo. Porque este libro, resultado de unas conversaciones de Benedicto XVI con el periodista Peter Seewald, trata de los grandes temas que interesan al público, y en particular a los creyentes. Se comprueba ya al leer el subtítulo: "El Papa, la Iglesia y los Signos de los tiempos". De todo ello conversa el entrevistador con el Papa, que no elude preguntas delicadas para la Iglesia.

Benedicto XVI habla de sus experiencias como hombre, sacerdote, cardenal y Papa, con total sencillez y humildad. Su cabeza prodigiosa va al centro de los problemas de nuestro tiempo. Aparecen en este libro las raíces morales de la crisis financiera mundial, la necesidad de cuidar la naturaleza para las generaciones sucesivas, el escándalo de los abusos de algunos sacerdotes, el ecumenismo, el relativismo moral y religioso que deja sin asideros a los jóvenes, la humanización de la sexualidad, etc. Y entre tantos temas habla también del sida y del preservativo. Que haya sido el punto destacado estos días es una cuestión de oportunidad tomada por algunos, y quizá de mala gestión informativa cercana al Papa.

Dios es lo primero En cambio se ha escrito menos sobre las grandes afirmaciones de Benedicto XVI en esas entrevistas, sobre la racionalidad de la fe, y los puentes tendidos entre la fe y la ciencia, sobre los avances en el diálogo ecuménico, sobre la fe de los jóvenes, sobre el compromiso matrimonial, etc. Pero principalmente el libro habla de Jesucristo tal como le presenta en su libro "Jesús de Nazaret", del que saldrá pronto la segunda parte, no como magisterio sino con la modestia del cristiano y teólogo que dialoga con el historicismo de nuestro tiempo. No habla de Jesús en el pasado sino en el presente: «Quiere de nosotros que creamos en Él. Que nos dejemos conducir por Él. Que vivamos con Él. Y que así lleguemos a ser cada vez más semejantes a Él y , de ese modo, lleguemos a ser de la forma correcta».

El Papa ve que la gran tarea de la Iglesia para el tercer milenio, en proceso de secularización, consiste en dar prioridad a Dios: «Hoy lo importante es que se vea de nuevo que Dios existe, que Dios nos incumbe y que Él nos responde. Y que, a la inversa, si Dios desaparece, por más ilustradas que sean todas las demás cosas, el hombre pierde su dignidad y su auténtica humanidad, con lo cual se derrumba lo esencial. Por eso, creo yo, hoy debemos colocar, como nuevo acento, la prioridad de la pregunta sobre Dios».

Humanizar la sexualidad

El contexto del amor humano el Santo Padre considera que «la mera fijación en el preservativo significa una banalización de la sexualidad y tal banalización es precisamente el origen peligroso de que tantas personas no encuentren ya en la sexualidad la expresión del amor, sino sólo una suerte de droga que se administran a sí mismas».

Benedicto XVI reconoce que podrá haber casos fundados de carácter aislado, por ejemplo en personas que se prostituyen, que utilicen un preservativo y eso puede ser «un primer paso de moralización, un primer tramo de responsabilidad a fin de desarrollar de nuevo una consciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere».

El preservativo puede ser en algunos casos un paso hacia esa necesaria humanización de la sexualidad. Pero para nada está hablando el Papa de que la Iglesia lo admita como remedio habitual contra el sida y menos como anticonceptivo. Tergiversan sus palabras quienes afirman que cambia la consideración moral del preservativo, dando por supuesto que puede utilizarse en las relaciones entre novios o en el matrimonio.

Peter Seewald pregunta a Benedicto XVI si la Iglesia está por principio en contra de la utilización de los preservativos. El Papa responde: «Es obvio que ella no los ve como una solución real y moral. No obstante, en uno u otro caso pueden ser, en la intención de reducir el peligro de contagio, un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente, hacia una sexualidad más humana».

En realidad, parece que algunos se interesan más por uso lúdico de su sexualidad que por los enfermos de sida. Las reacciones inmediatas de personajes influyentes, como el Secretario general de la ONU, indican que hay una fuerte presión ideológica para que la Iglesia permita el preservativo. Pero las continuas campañas para difundirlo por millones en países africanos y asiáticos, y utilizados habitualmente por los occidentales, resultan muy poco eficaces, porque de hecho no consiguen frenar la pandemia. En cambio, en aquellos lugares donde se han desarrollado políticas de abstención, educación y prevención, como Uganda, han frenado el sida.

El lector encontrará en este libro otros muchos planteamientos y vías de solución para los graves problemas humanos, sociales, económicos y ecológicos, porque Benedicto XVI cree que el Evangelio de Jesucristo es la «Luz del mundo»

Jesús Ortiz LópezDoctor en Derecho Canónico