Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Ávila y sus cursos de verano

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Mientras siguen los fuegos de artificio de los cursos de verano de Madrid, en los que los tópicos sobre la Iglesia continúan incendiando a una cansina opinión pública, una vez más, lo esencial está escondido a los ojos. En Ávila, a la sombra de Santa Teresa de Jesús, sobre los pies de la santa reformadora, inconformista, esencial siempre, se están celebrando dos cursos que representan lo más granado de la geografía de la Iglesia en España.

El primero, de teología de la buena, y no es tautología. Dios en la sociedad postsecular, organizado por la Facultad de Teología san Dámaso, la Universidad Católica de Ávila y la Universidad san Pablo CEU. Más de un centenar de participantes, un grupo destacado de jóvenes profesores de teología y de ciencias humanas y sociales, de más de una docena de diócesis españoles, están trabajando, con una intensidad inusual y con un nivel ya prácticamente desconocido, en una serena y actual reflexión sobre Dios hoy. Este cuso forma parte del ejercicio de centrar a la Iglesia, del que tanto habla sin hablar Benedicto XVI. La participación del profesor italiano Sergio Belardinelli, responsable académico del actual Proyecto Cultural de la Iglesia en Italia, ha supuesto un aliciente que, sin duda, producirá sus frutos.

Pero hay otro curso de verano, colorido donde los haya, que no debe pasar inadvertido. Es el que están celebrando, en el Seminario, más de un centenar de religiosas jóvenes con sus provinciales y maestras de novicias. Al frente, acompañando a la Vida Religiosa que nace con fuerza, monseñor Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, del que se puede decir ya que es el nuevo reformador de la Vida Religiosa en España. En la sesión conjunta de los dos cursos, en el Palacio de Congresos de Ávila, ante un multitudinario auditorio que sumó a gran parte del clero local, con su obispo, monseñor Jesús García Burillo a la cabeza, nació una siempre nueva Iglesia, y un siempre nuevo pensamiento, en las almas. Ávila es tierra de renovación, de reformas, de hombres y mujeres reformados. Es la historia.

José Francisco Serrano Oceja