Domingo 26/10/2014. Actualizado 01:00h

Tribunas

Anunciar la Fe entre polémicas

"Los problemas que se presentan son muy grandes si contemplamos la Iglesia universal, con los muchos desafíos que es necesario afrontar y ante un cierto desaliento que se está difundiendo en algunos ambientes, pero que debemos superar.

Tenemos también el problema de grupos -de derecha o de izquierda, como se suele decir- que ocupan mucho de nuestro tiempo y atención".

El recién nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el arzobispo Gerard L. Müller, ha querido abrir su inteligencia y su corazón en una entrevista. La tarea que se le ha encomendado es ardua. La claridad con la que la afronta, le dará luces para llevarla a cabo:

"Aquí nace fácilmente el peligro de perder un poco de vista nuestra tarea principal, que es la de anunciar el Evangelio y exponer en modo concreto la doctrina de la Iglesia. Estamos convencidos de que no existe alternativa a la revelación de Dios en Jesucristo".

Reafirmación neta y clara de la Fe, del contenido de la Fe en Cristo, en la Iglesia.

En estos momentos de la historia de los hombres en los que la Iglesia anuncia con fuerza y decisión un "Año de la Fe, "una nueva Evangelización", son necesarias palabras claras y sencillas como las que Müller acaba de decir.

El peligro de perderse en polémicas en torno a la dignidad de la vida humana, del valor social de la familia, de los mejores modos de evangelizar, de la libertad de actuación en la tarea de anunciar la Fe, de la labor social de las organización de la Iglesia, etc, etc., es grande y puede hacer perder de vista el manantial de luz que alumbra el entendimiento del hombre y llena su corazón . Y ese manantial es la Fe, que la Iglesia ha de transmitir íntegro.

"La Iglesia es ante todo una comunidad de fe y por lo tanto la fe revelada es el bien más importante, que debemos transmitir, anunciar y custodiar. Jesús confió a Pedro y a sus sucesores el magisterio universal: (...) la fe que nos conduce a la salvación y a la comunión con Dios y entre nosotros".

Con esa luz de la Fe, con esa luz de la razón iluminada por la Fe, esas polémicas en torno al hombre, al destino del hombre, al sentido de la vida del hombre, al sentido del mundo, podrán ser afrontadas con serenidad y paz.

"Siempre he estado convencido de que la fe católica corresponde a las exigencias intelectuales más elevadas y de que no debemos escondernos. Podemos responder con seguridad a los grandes desafíos de las ciencias naturales, de la historia, de la sociología y de la política".

Así ha sido a lo largo de la historia, desde la encarnación de Jesucristo, y seguirá siendo hasta que el tiempo de paso a la eternidad. Pero si se dejan de anunciar las grandes verdades de la fe: Dios Creador del mundo, del hombre; Encarnación del Hijo de Dios; llamada del hombre a la vida eterna; el descubrir esa "ley natural" que palpita en todas las civilizaciones construidas por el hombre, y de la que ya descubrieron su importancia Aristóteles, Séneca, Cicerón, etc., será tarea imposible.

Solo a la luz de esa "ley natural" quien llama "monstruo" a un ser humano discapacitado, se descubrirá él, ella misma, "monstruo", y no en el mejor sentido de la palabra. Sólo a esa luz, se verá siempre el aborto provocado como la matanza de un ser humano; sólo a esa luz, se descubrirá siempre que el matrimonio es unión entre hombre y mujer; entre mujer y hombre.

"Es necesario seguir repitiéndose que Cristo murió en la cruz por todos nosotros. Somos conscientes de que nuestra vocación es la de ser amigos de Dios y descubrir de tal modo a qué esperanza estamos en realidad destinados. Ello hace desaparecer las dudas del corazón. También los ateos o los enemigos de la Iglesia tal vez deberían preguntarse con espíritu de autocrítica si ellos mismos tienen medios de salvación que ofrecer a los hombres de hoy".

Quizá al nuevo Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, le ha faltado subrayar que, por desgracia, más de un ser humano, hombre y mujer, se han declarado a sí mismo no necesitados de Dios, no necesitados de salvación; conformes con la "felicidad" del instante efímero.

Esta es la gran tarea de la Fe, por encima de las polémicas, y a la vez, sin soslayarlas, seguir anunciando que: "En Cristo el Dios infinito se ha manifestado a nosotros. Cristo es la respuesta a nuestros interrogantes más profundos. Por esto queremos afrontar el futuro con alegría y con fuerza".

ernesto.julia@gmail.com

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