Miércoles 16/08/2017. Actualizado 16:52h

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Tribunas

Adiós al padre Lombardi

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Aún recuerdo aquellos veranos en el programa español de la Radio Vaticana en los que, por las tardes, en el silencio del amplio pasillo de las redacciones lingüísticas, solo se oían los pasos del padre Lombardi; entradas y salidas de un espíritu puro como si quisiera escuchar todo lo que en la emisora del Papa se dijera.

Corría una leyenda en el Gran Palazzo que decía que el padre Lombardi escuchaba todos los programas de la radio, entre otras razones por su facilidad manifiesta con los idiomas. Idiomas que no solía hablar en público, y no porque no supiera, sino por su carácter reservado. Lo hacía cuando te quería dar una sorpresa.

Son muchas las ocasiones en las que la conversación con el padre Lombardi discurría más por los derroteros de lo implícito que de lo explícito. Era la forma de articular los mensajes de quien es matemático de profesión, por tanto, está dedicado a las ciencias exactas. Ciencias que no están muy cerca, ciertamente, de las de la comunicación.

El padre Lombardi se va y con el una época –o varias-, y una forma –o varias-, de comunicación en la Iglesia y de la Iglesia. Llegó después del doctor Navarro-Valls, la sombra comunicativa en el escenario mediático de san Juan Pablo II. Poco a poco fue imponiendo su peculiar estilo, que tenía una capacidad inusual para la expresión de la verdad tranquila en medio de las aguas revueltas.

Formado en la moral clásica, sus distinciones eran famosas, y su precisión lógica le hacía salir airoso de los más variados envites. De ahí que la comunicación, que siempre es intencional y casi siempre estratégica, sabe mucho de finas inteligencias. En sentido contario huye de abultadas elocuencias.  

Tal y como ha señalado el actual responsable de los medios, en el Vaticano, monseñor Dario Edoardo Viganò, “el padre Federico nos ha dejado, como estilo de su profesión, la visión eclesial de los acontecimientos: es decir, una mirada que siempre ha tenido juntas las diferentes sensibilidades, las diferentes perspectivas, marcadas también por las diferentes proveniencias de la cultura en la Iglesia”.

Ahora llega un cambio de tercio en medio de un pontificado que es imán de imagen pública y que se vende por sí mismo. Y para la gestión de la comunicación institucional se ha elegido a un tándem de periodistas destacados y destacables, con amplia experiencia y mucho oficio, miembros de realidades eclesiales de amplia presencia. Un especialista en comunicación de crisis, Greg Burke, y una periodista de base y recia, que se sabe mover muy bien en los entresijos vaticanos. Paloma García Ovejero, un valor añadido, hasta ahora corresponsal de la Cadena COPE –acierto profético de la COPE, sin duda- que sabrá hace de la amistad con los periodistas la calve de la comunicación estratégica.

Enhorabuena a ambos y ánimo con el trabajo.

“Somos
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