Jueves 17/08/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Tribunas

Abrazar el islam desde la fe católica

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Un artículo de...

Pilar Gonzalez Casado
Pilar Gonzalez Casado

Profesora Agregada a la Cátedra de Literatura árabe cristiana de la Universidad San Dámaso.

Más artículos de Pilar Gonzalez Casado »

Cierta cantidad de los musulmanes que habitan en Europa son europeos de nacimiento. Algunos son descendientes de emigrantes musulmanes y otros son europeos que han abrazado el islam. De los últimos, Italia cuenta con 5.000, Alemania con 20.000, Francia con 70.000 y Gran Bretaña con 100.000. En España viven actualmente 2.000.000 musulmanes de los que aproximadamente 20.000 son españoles conversos. Cuando narran su pasado en los medios de comunicación, es muy frecuente que relaten que fueron educados en el cristianismo: tenían una formación católica, fueron a colegios religiosos, rezaban todos los días y asistían a Misa. Cuando explican las causas de su conversión, generalmente afirman que han abrazado una religión más racional y personal de la que sólo creen las cosas que realmente sienten, pero sin romper con sus principios cristianos.

Los reformistas del islam moderno, Muhammad Abduh y Rashid Rida, en los siglos XIX y XX, también tacharon al cristianismo de irracional. El jeque Abduh confirmaba su sospecha en San Anselmo que invitaba a creer primero y a comprender después. Cuando la comprensión encontraba hechos opuestos a los principios de la fe, no había más remedio que creer a ciegas. Pensaba también que la absoluta autoridad del clero hacía que la fe y la salvación personal quedaran en manos de los líderes de la Iglesia. Rashid Rida defendía que, según las afirmaciones coránicas de la necesidad del razonamiento y la comprensión humanas (C 2, 164 y 8, 22), la razón era el árbitro final de la verdad, y que la revelación debía concordar con ella en sus asuntos fundamentales: es imposible aceptar como reales cosas que la razón y la ciencia consideran inviables.

San Juan Damasceno, funcionario de la corte omeya antes de entrar en un monasterio cercano a Jerusalén en el siglo VIII, incluyó la religión que profesaban los ismaelitas, el futuro islam, en su lista de las herejías. En sus viajes como caravanero, Mahoma se topó con un monje cristiano llamado Bahira que le vaticinó que sería el gran profeta que anunciaban las Escrituras cristianas y que todavía estaba por venir. La apologética cristiana árabe reelaboró esta anécdota de la biografía del Profeta, tildó al monje de arriano y detalló cómo le entregó a Mahoma un Libro descendido del cielo. Quiso dar a entender que el islam era, en realidad, un cristianismo mal entendido.

Convertirse al islam desde la religión católica no es entrar en un mundo extraño a uno mismo. Aunque el islam no es una herejía cristiana porque nunca ha pretendido ser cristiano ni reconocerse dentro de la Iglesia, se pueden identificar en él rasgos de las primeras herejías entre las que creció, como el maniqueísmo o algunas sectas judeocristianas. Ver en Jesús a un hombre y creer que Dios es únicamente Uno es algo simple y también herético para aquel que se ha criado en un ambiente católico. Creer en el dogma único de la unicidad divina, prescindir de los de la Trinidad y la Encarnación, de la jerarquía, el Magisterio y los sacramentos supone, para el relativismo y el racionalismo, liberarse de las exigencias incomprensibles del catolicismo. La ciencia no esclarece el sentido real de la vida humana porque no aporta ninguna comprensión del mundo ni del ser. Es la fe la que tiene la palabra. Y más si se trata de una fe personal, que no personalizada, en la que el hombre se encuentra con el hombre Jesús en el que el Eterno se hace tangible al entregarse como amor que nos ama. Es la actitud confiada del cristiano, la fe propiamente dicha, que el Espíritu hace vida, que sobrepasa toda verdad científica y hace humanamente comprensible a Dios. El Dios absolutamente Uno y absolutamente Transcendente manifestado en las palabras de un Libro descendido del cielo, hace a Dios humanamente incomprensible y hace que sea completamente irracional abrazar la fe que así lo proclama.

Etiquetas
,
“Somos
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·