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Tribunas
Por Salvador Bernal 06 de febrero del 2012

Beatificada una antigua parlamentaria austríaca de origen judío

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El pasado 29 de enero el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, beatificó a Hildegard Burjan en la catedral de San Esteban de Viena, abarrotada de fieles. En palabras de Benedicto XVI, ofreció con su vida un "hermoso testimonio del Evangelio".

Wikipedia dispone de una breve entrada sobre esta interesante figura europea, que se detiene –en la edición castellana‑ a las puertas de la beatificación. Los datos biográficos resultan apasionantes. Según la entradilla, Hildegard Burjan (nacida Freund) (Görlitz, Alta Lusacia, 30 de enero de 1883—Viena, 11 de junio de 1933), fue una política y activista social austríaca, fundadora de la Sociedad de Vida Apostólica Caritas Socialis; fue diputada en el Parlamento austríaco por el Partido Socialcristiano.

Había nacido en una familia judía acomodada no practicante. Estudió filosofía en Zurich. Allí conoció al ingeniero húngaro judío Alexander Burjan y juntos se fueron a vivir a Berlín para estudiar ciencias políticas y economía. Dos años después se casaron. En 1909 estuvo desahuciada médicamente por graves problemas renales. Atendida en un hospital católico, las Hermanas de la Caridad rezaron por ella y se recuperó. Hildegard lo atribuyó a un milagro. Atraída por el ejemplo de aquellas religiosas, se convirtió al catolicismo.

Tiempo después se trasladó con su marido a Viena, donde quedó embarazada. Por sus problemas renales, los médicos le sugirieron abortar. Pero prefirió arriesgar su vida, y dio a luz a su hija Lisa, que fue bautizada al mismo tiempo que su marido se convertía al catolicismo.

Ante los graves problemas sociales de aquella época, fundó en 1912 la Asociación de obreras cristianas a domicilio, y en 1919, la organización femenina Caritas Socialis. Constituida por un grupo de diez mujeres, organizaron una agencia de empleo, hogares para persona convalecientes y hospitales para enfermos y dementes. Crearon también hogares para madres solteras, para jóvenes y mujeres adultas sin hogar –no sin escándalos e incomprensiones de la alta sociedad vienesa, a la que pertenecía‑, y servicios de distribución de comida caliente para los pobres.

Militante del partido socialcristiano, fue elegida para el consejo municipal de Viena en 1918, y diputada el año siguiente. Fue la única mujer de su grupo parlamentario. El cardenal Friedrich Gustav Piffl, arzobispo de Viena, la calificó como "la conciencia del Parlamento", en cuanto referencia moral para la clase política. Pero renunció a la reelección en 1920, y se centró en el desarrollo de la sociedad Caritas Socialis, que sigue trabajando en varios países de Europa y América.

Se ocupó siempre de los menos favorecidos, siguiendo las enseñanzas de la Encíclica Rerum novarum, de León XIII. Murió con 50 años, por las secuelas de sus dolencias renales. Y fue fiel a su lema personal: «Entregada completamente a Dios y completamente a la Humanidad». El Cardenal König abrió su causa de canonización en 1963, y sus virtudes heroicas fueron ratificadas en 2007.

Como escribe Ricardo Estarriol en Aceprensa, "la atracción ejercida por la personalidad de esta mujer se debe seguramente a que fue un modelo de vida cristiana en las complicadas circunstancias de un mundo tan multifacético como era el de la Europa Central de fines del siglo XIX y principios del siglo pasado". Añade que armonizó "su enorme talento intelectual, con una intensa vida de sociedad (cenas, recepciones en su domicilio), con una inteligente actividad social y sobre todo con una profunda vida sobrenatural de la que ella hablaba poco". En síntesis, "era una mujer de una gran personalidad, independiente y de lenguaje sobrio, muy fiel a la Iglesia" (cfr. http://www.aceprensa.com/articles/hildegard-burjan-judia-y-diputada-los-altares).

En la misa de acción de gracias por la beatificación, el 31 de enero, el Cardenal Christoph von Schönborn afirmó que Hildegard Burjan muestra que la santidad es posible en la política. Y añadió que "Hildegard es una cristiana que convence sin tantas palabras, porque actúa. En nuestra época debemos aprender nuevamente a comprender lo que significa ser discípulos. Y para ello no tenemos necesidad de teorías, sino de ejemplos, de personas que hablen con los hechos".

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