Martes 22/08/2017. Actualizado 17:39h

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Solidaridad

Este domingo el Domund recoge la colecta que los misioneros necesitan para seguir llevando el Evangelio

“Si no le pago la gasolina al catequista, no viene”, explica el obispo español José Ángel Divasson sobre Venezuela

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La iglesia local en el Vicariato de Puerto Ayacucho (Venezuela) es una iglesia indígena y pobre. 184.000 km2 regados de ríos que los catequistas tienen que surcar para explicar el Evangelio, sin poder pagarse la gasolina. El obispo responsable, el español José Ángel Divasson, explicó los “milagros” que hace para que los pocos recursos con los que cuenta den el máximo fruto. Junto a él, dos administradoras del dinero del Domund en España, una en la Delegación de Orense y otra en la Dirección Nacional, explicaron el recorrido del dinero del DOMUND, en una mesa moderada por el vicesecretario para Asuntos Económicos de la CEE, Fernándo Giménez



Así llega el dinero del Domund a la misión Así llega el dinero del Domund a la misión

“Un Vicariato es una circunscripción eclesiástica que no puede ser autosuficiente a nivel sacerdotal y económico, a la que la Santa Sede envía un subsidio anual para su sostenimiento”. Ésta es la explicación formal, pero lo cierto es que tras la definición hay una realidad compleja sobre la que el obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho, monseñor José Ángel Divasson, arrojó un poco de luz. Fue durante el último acto programado en las actividades de “El Domund, al descubierto”, que clausuró ayer, 14 de octubre, el arzobispo de Toledo y presidente de la Comisión Episcopal de Misiones, Braulio Rodríguez Plaza.

Si no fuera por el subsidio anual que la Santa Sede da a la iglesia local de Puerto Ayacucho por ser un Vicariato, monseñor Divasson tendría serios problemas para sacar adelante cualquier tipo de proyecto pastoral. A través de Obras Misionales Pontificias (OMP), el Vicariato (que tiene una superficie que ocupa más de la tercera parte de España), ha recibido este año una ayuda de 70.000 $. El obispo considera esta ayuda de “suma importancia”, sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de sus catequistas no pueden ni siquiera pagar la gasolina (algunos están a más de 3 horas de río de su sitio de evangelización); la gasolina es uno de los principales problemas económicos en un territorio donde la mayoría de los desplazamientos son por río. Recibir el dinero es el primer paso, pero luego es fundamental hacer una buena gestión, sobre todo teniendo en cuenta los múltiples problemas a los que se enfrenta el obispo: desde la ausencia de una entidad bancaria en Puerto Ayacucho, hasta la lucha contra el “asistencialismo” que ha prevalecido en la mentalidad indígena (la mitad de la población), y de la que se empieza a salir poco a poco; entre otras cosas, gracias al trabajo de monseñor Divasson, que predica que “todos podemos dar algo, no sólo recibir”. Además de la Santa Sede y OMP, el Vicariato cuenta con ayuda de otras instituciones católicas del extranjero, incluida la Cáritas de Pamplona (el obispo es nacido en Navarra), que le permiten afrontar otros proyectos como la formación del diaconado indígena, una humilde estación de radio y TV o el arreglo de algunas de las capillas sembradas a lo largo de los ríos.

Monseñor Divasson representó ayer a los miles de misioneros que tienen sus mismos criterios respecto al dinero: “procuramos usarlo bien, porque somos conscientes del esfuerzo de mucha gente que ha dado su ayuda”. Pero, ¿qué recorrido hace el dinero hasta que llega a los misioneros? Lo explicaron ayer Josefa Ledo, de la administración de las OMP en Orense; e Isabel Santiago, de la administración de la Dirección Nacional de OMP. 
Ledo se refirió sobre todo a la “austeridad” con la que se trabaja en las 70 Delegaciones diocesanas y al modo en el que recogen el dinero del DOMUND. La mayoría sigue llegando en efectivo, sobre todo el que procede de parroquias, que como dijo la administradora de Orense “es un dinero que huele a la humedad de las sacristías de los pueblos gallegos, que es como el olor a incienso”. Pero también llegan aportaciones de los colegios (en este caso sobre todo a través de transferencias bancarias); y otras cantidades, se reciben por domiciliaciones periódicas de particulares. A todos los donantes, la Delegación de Orense expresa su agradecimiento, procurando cuidar mucho el trato personal y el trabajo bien hecho, desde la confección de un recibo hasta la escrupulosa confección del plan de contabilidad que cada mes se envía a la Dirección Nacional.

Precisamente, la Dirección Nacional, según explicó Santiago, es la responsable de aunar las contabilidades de todas las diócesis, consolidándolas todas en una sola papa poder presentar el impuesto de sociedades de OMP y hacer el preceptivo envío del dinero al Fondo Universal de Solidaridad de Roma. Hasta ese momento, la Dirección Nacional procura “rentabilizar al máximo el dinero de los misioneros”, sin asumir riesgos y garantizando el capital. Santiago comentó cómo Roma hará luego un reparto equitativo del dinero que le llega de las OMP de todo el mundo, entre todos los proyectos presentados durante el año (un 35% se destinará al mantenimiento ordinario de las diócesis, un 55 % a proyectos extraordinarios como puede ser la reconstrucción de una capilla o un seminario, y un 10 % se reserva para emergencias casi siempre vinculadas a desastres naturales como emergencias o inundaciones). Por motivos de seguridad, el dinero llega a las Nunciaturas, que lo hacen llegar a los obispos de los territorios de misión, quien a su vez, lo entrega a los misioneros. Para la administradora de la Dirección Nacional de OMP un aspecto importante es hacer el “seguimiento” del dinero, por eso se pide que los receptores de las órdenes de pago que se han dado a España, envíen un acuse de recibo y, si es posible, un informe con fotos del proyecto subsidiado. Desde la Dirección Nacional de OMP se promueve la ayuda económica sobre todo a través de www.domund.org  y del uso de la tarjeta Visa Domund, y también a través de la recepción de herencias y legados.

Como dijo Fernando Giménez, “en la Iglesia es más gratificante hablar de nuestro papel que del dinero, pero gracias al dinero podemos hacer algunas cosas y sin dinero hay algunas cosas que no podemos hacer”.


“Somos
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