Viernes 18/08/2017. Actualizado 01:00h

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Otras Religiones

El zoológico bíblico de Jerusalén: un ejemplo de coexistencia entre judíos y musulmanes

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Cualquier empresa que eche a andar en Tierra Santa y que intente conjugar a la población judía y a la árabe estará destinada al fracaso por los problemas políticos del área. ¿Cualquiera? No. El zoológico bíblico de Jerusalén logra día a día lo que parecía imposible: que ambas comunidades coexistan y se toleren para un bien común, la protección de animales típicos de la zona y en peligro de extinción. Fundado hace más de 70 años, ha pasado por dificultades y crisis felizmente superadas.

Barrio Mahla, a los pies de Jerusalén. Alzando la vista, se divisa el punto de control del paso a Cisjordania, en dirección a Belén. 25 hectáreas de terrazas cercadas, entre las rocas calizas y buena parte de la vegetación originaria de la región: fresnos sirios o pinos de Alepo (también conocido como pino de Jerusalén). Aquí continúa la iniciativa promovida en 1940 por el zoólogo Aharon Shulov: un zoo donde cupieran los animales que entraron en el arca de Noé y que habitan este área de Oriente Medio.

La trayectoria no queda exenta de problemas. Inicialmente radicado en el monte Scorpus, el ruido de los primates causó la protesta de los habitantes de la ciudad santa. De ahí hacia adelante varias mudanzas, hasta encontrar acomodo en su actual ubicación. Otra complicación guarda relación con el agua: la sequedad del medio crece con el paso del tiempo y hay especies que precisan de un medio acuático para sobrevivir. Con las que figuran en peligro de extinción, se opera de modo original: se las caza en sus hábitat originales y se las traslada al zoo para que se reproduzcan con comodidad.

La vertiente religiosa camina de la mano de la más humana. Musulmanes y judíos visitan el centro, aunque en grupos separados. Los primeros salvaron los prejuicios del comienzo -el fundador pertenecía al judaísmo- y los segundos han transigido con que se abra los sábados. Los empleados pertenecen a ambos colectivos; "dejamos la política fuera", confiesa el vendedor de tickets, Jakob Ittach. Y las visitas guiadas se explican en los dos idiomas, el árabe y el hebreo.

“Somos
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