Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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“Somos pastores, no políticos, pero nuestros fieles están muriendo”

Los obispos de Sudán del Sur, el país más joven del mundo, piden a todas las partes que la guerra cese inmediatamente

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Reunidos en Juba, han lanzado un comunicado en el que piden a las facciones encontradas el “cese inmediato e incondicional de las hostilidades y las matanzas”. A pesar de la ingente labor de sacerdotes, religiosos y laicos, cada vez es mayor el impacto en la población. 


Campo de refugiados en Sudán del Sur (Fotografía: ACNUR) Campo de refugiados en Sudán del Sur (Fotografía: ACNUR)

La paz no llegó a Sudán del Sur con la independencia del norte. Tras años de opresión de los musulmanes sobre el sur cristiano y animista, ahora el país más joven del mundo vive inmerso en una guerra civil, con choques tribales, una emergencia por hambruna e importantes núcleos de población en situación de refugiados.

Ante este panorama, los obispos católicos en Sudán del Sur han emitido un comunicado en el que piden urgentemente el cese de toda violencia: “La guerra es el mal, no puede traer la paz. Esta guerra tiene que parar”. En su extensa misiva afirman que, si bien no quieren meterse en política, sienten que tienen el imperativo del Evangelio para pedir que “las luchas y las matanzas paren inmediata e incondicionalmente”.

Los obispos afirman que tendrán que resolverse las cuestiones políticas, pero que es la imagen del mal el que cualquiera de las partes enfrentadas seguir utilizando la violencia para imponer una agenda política.

“Somos pastores, no políticos, pero nuestros fieles están muriendo”, expresan los obispos en su carta en la que niegan querer entrar en detalles de la negociación política. Sin embargo, animan a que, en el proceso de paz a largo plazo, los ciudadanos puedan jugar un papel destacado, representados por sus líderes tradicionales, sus comunidades de fe, la sociedad civil y otros actores”.

Al mismo tiempo, animan a seguir “la senda de la reconciliación, la sanación y la paz”, para lo que animan a sus “sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral y otras comunidades religiosas a intensificar sus actividades, a convertirse de manera más activa en pacificadores. Para eso, la oración es el único camino seguro”.



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