Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Cuatro muertos por la colocación de bombas en cinco iglesias de Bagdad: los cristianos de Irak siguen siendo atormentados

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Los cristianos de Irak siguen sufriendo la persecución y la violencia religiosa. Cinco iglesias de la capital, Bagdad, fueron víctimas, este fin de semana, de la colocación de artefactos explosivos a la puerta, en un ataque combinado contra templos cristianos, con un trágico balance: cuatro personas muertas y más de treinta heridas.

 

La situación de esta comunidad cristiana, compuesta por unas 750.000 personas, sigue siendo muy difícil. Lo pasaron muy mal en los últimos años y durante la guerra, pero la situación apenas ha mejorado. Lo que está provocando que muchos de ellos abandonen el país.

El periódico francés “La Croix” publicó recientemente un reportaje sobre la vida de los cristianos en Bagdad, del que se recogen estos párrafos.

En una pared lateral de la iglesia de San Elías, en el barrio Bagdad Jadida, se ven las fotos de una veintena de personas: un obispo, un sacerdote y laicos. Todos asesinados por ser cristianos.

Desde el patio, se aprecia la cúpula de una mezquita que fue al parecer el lugar de las ejecuciones sumarias. Un parroquiano afirma: “Allí fueron eliminados un centenar de personas en 2007".

En el barrio de Bagdad Jadida, al sureste de la capital, de mayoría chiita, hay una minoría cristiana, sometida a la autoridad del ejército de Mahdi, una milicia chiita proiraní y ferozmente antiamericana. Durante la guerra, todas las comunidades han sufrido las mismas crueldades (secuestros, torturas o asesinatos), recuerda Marian, madre de familia: “A unos pasos de aquí, durante la ruptura del ayudo del Ramadán, escuchamos unos disparos: sabíamos que mataban a gente. He visto con mis ojos cadáveres apilados en un remolque. No podíamos hacer nada”.

En este contexto, los cristianos han sufrido doblemente, habitaran en barrios chiitas o sunitas, porque eran objetivo de los extremistas y no tenían protección.

“Someterse a las normas islámicas”

En Bagdad Jadid, los cristianos debían someterse a las normas islámicas. “Querían obligarnos a llevar el velo. Nos resistimos, pero cuando salíamos a la calle llevábamos vestidos amplios para evitar los ataques”, continúa Marian. Muchos han tenido que abandonar el barrio, porque les prohibían ejercer su oficio. Si rehusaban someterse, corrían el riesgo de ser asesinados, cuenta un sacerdote. Los islamistas exigían a la gente convertirse, a cambio de seguir con vida, de dar su hija a un musulmán o de pagar el impuesto que abonaban los no musulmanes durante los régimen islamistas.

Un sacerdote fue secuestrado durante nueve días. Cuenta su calvario: “Me vendaron los ojos, me ataron las manos. Por la tarde me pegaban, y por la mañana me pedían consejo para arreglar sus diferencias familiares. Eran gente muy simple y poco educada. Me ponían un revólver en la sien para desmoronarme. Entonces, les gritaba: 'Venga, dispara si eres un hombre'. Les decía que, si me mataban, estaría feliz, porque para la mí la muerte es el inició de la vida. Y me respondían: 'Estás completamente loco'. En esos momentos, se siente una especie de fuerza interior”.

"Desde hace un año, la situación ha mejorado, pero todavía tenemos miedo”, subraya Marian. Su hija ha abandonado Siria para ir a Francia, pero ella y su marido han decidido quedarse: “No hablamos francés. Viviríamos allá como en una prisión, sin amigos ni vida social”. La suya es una decisión muy rara entre la comunidad cristiana, que ha decidido abandonar Bagdad.

“Una verdadera catástrofe”

“Es una verdadera catástrofe”, lamenta el obispo auxiliar caldeo de Bagdad, monseñor Shlemo Warduni, de 76 años, que afirma que es la primera vez en su ya larga vida que ve a los cristianos escapar. “Esta mañana he celebrado la Misa en Dora Mikanik, donde se encontraban los bastiones de Al Qaeda. Antes de la guerra, los caldeos eran más de 20.000 personas, hoy sólo quedan 2.500 en Bagdad”.

Los siro católicos registran parecidas tasas de emigración, según Athanase Matoka, obispo de Bagdad: el 80 por ciento de su comunidad ha abandonado la capital.