Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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El Papa recuerda en Portugal que los católicos están llamados "a servir a la humanidad de nuestro tiempo"

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Oporto fue la última etapa del viaje de cuatro días de Benedicto XVI a Portugal. Allí presidió su última misa. En su homilía el Papa recordó a los católicos su llamada "a servir a la humanidad de nuestro tiempo, confiando únicamente en Jesús, dejándonos iluminar por su palabra".

Benedicto XVI consideró la manera en la que la Iglesia da a conocer a Jesucristo. "Nada imponemos, siempre proponemos, como Pedro nos recomienda, en una de sus cartas: "Glorificad a Cristo en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza". Y todos, al final, nos la piden, incluso aquellos que parecen no pedirla. (...) De hecho, las esperanzas más profundas del mundo y las grandes certezas del Evangelio se entrecruzan en la irrenunciable misión que nos corresponde". "Sin embargo, si esta seguridad nos consuela y tranquiliza -observó Benedicto XVI-, no nos exime de salir al encuentro de los demás. Debemos resistir la tentación de limitarnos a lo que ya tenemos o pensamos tener, de nuestro y de seguro: sería como morir a plazo fijo, en cuanto presencia de Iglesia en el mundo".

Desde sus orígenes, el pueblo cristiano "ha advertido claramente -dijo el pontífice- la importancia de comunicar la Buena Nueva de Jesús a los que no la conocían todavía. En los últimos años, ha cambiado el contexto antropológico, cultural, social y religioso de la humanidad; la Iglesia hoy está llamada a hacer frente a nuevos desafíos y está dispuesta a dialogar con culturas y religiones diversas, tratando de construir con toda persona de buena voluntad la convivencia pacífica de los pueblos".

El Papa subrayó que "el campo de la misión "ad gentes" se presenta hoy mucho más amplio y no puede definirse sólo en función de consideraciones geográficas. En efecto, nos esperan no solamente los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también los ámbitos socio-culturales, y sobre todo los corazones, que son los verdaderos destinatarios de la acción misionera del pueblo de Dios".