Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Hoja de ruta del nuncio a los obispos: selección y formación de seminaristas y educación cristiana en familia y escuela

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El nuncio del Papa, monseñor Renzo Fratini marcó este lunes una hoja de ruta a los obispos para la Iglesia en España en la que citó "la selección y la buena preparación espiritual e intelectual sólida de los candidatos al sacerdocio", "la formación y educación cristiana en la familia y en la escuela" y la actuación de la Iglesia como "actora y promotora de una cultura verdaderamente humana".

Fratini insistió en que "la manera de custodiar el bien de la Iglesia pasa necesariamente por la selección y la buena preparación espiritual e intelectual sólida de los candidatos al sacerdocio. Esto necesita una atención integral por parte de formadores fieles al Magisterio, y por parte de los mismos alumnos, prestando atención a todos los aspectos de la persona". El nuncio del Papa añadió que "en una sociedad, cada vez más secularizada, urge la formación y educación cristiana en la familia y en la escuela. Se habla hoy en la Iglesia de una emergencia educativa, añadió. Los padres tienen el insustituible papel y el derecho a orientar a sus hijos en sus convicciones acerca de la religión y la moral".

Se refirió además a la importancia de los "profesores bien formados, católicos existencialmente comprometidos, convencidos de que la enseñanza religiosa no es un modus vivendi más. Su apreciada tarea no puede limitarse en la práctica a informar del hecho cristiano, sino que, atendiendo a los valores espirituales, han de saber presentar las raíces de la fe en Jesucristo y despertar el amor a la Iglesia. Toda tarea educativa tiene también, entre sus objetivos, el compromiso social, moviendo a la solidaridad hacia los más pobres".

Animó a continuar "las iniciativas que promueven un “pacto de Estado” educativo. La Iglesia, dijo, actora y promotora de una cultura verdaderamente humana, está convencida de que este compromiso, realizado en el respeto y la salvaguardia de la libertad, no puede sino resultar en un amplio beneficio de todos".

También citó "la delicada cuestión de la presencia de los signos religiosos, y en particular del crucifijo, en la vida pública. Al respecto expreso el deseo de que, en la sociedad española en general, perviva el afecto por este signo del Amor sin límites de un Dios que se ofrece por el hombre hasta el sacrificio propio. El crucifijo ha sido y es signo de protección, de consuelo, y de fortaleza en el dolor. Se ha convertido en signo de las profundas raíces de la propia cultura en España, llegando a encontrarse, no sólo sobre las esbeltas torres de las iglesias, sino presidiendo las plazas y los cruces de muchos caminos. Muchos de ellos son obras de arte con la sublime serenidad de un Velázquez, la dulzura de un Murillo, o el dramatismo de un Goya".