Miércoles 18/10/2017. Actualizado 01:00h

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En el 10º aniversario del Tsunami

Cardenal hondureño Maradiaga: “La Justicia social es el mejor programa ante los desastres”

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En vísperas de la conmemoración del 10º aniversario del tsunami que devastó las costas del Sudeste Asiático en las navidades de 2004, el cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, presidente de Cáritas Internationalis, ha escrito una reflexión sobre el reto que esa catástrofe supuso para las comunidades afectadas y para la red Cáritas en todo el mundo.


Dos niños supervivientes del tsunami que asoló las costas de Haití en 2004. Dos niños supervivientes del tsunami que asoló las costas de Haití en 2004.

En él narra, con especial emoción, la devastación que supuso la llegada de este “tsunami apocalíptico” que se llevó la vida de más de 300.000 personas en unas pocas horas.

“Muchos se preguntaron dónde estaba el rostro de Dios en ese cataclismo2, recuerda Madariaga, pero añade que “encontramos la respuesta en el mensaje de esperanza, renacimiento y resurrección, que es el Evangelio, en el valor en las acciones de los propios supervivientes y en la solidaridad de las personas que ofrecieron todos los medios a su alcance para ayudar a las víctimas”.

Destaca en el texto, asímismo, la labor de la Iglesia párrocos, catequistas y voluntarios de las parroquias, que se movilizaron en las comunidades, repartiendo ayuda, cocinando alimentos, construyendo refugios, dirigiendo los centros comunitarios y proporcionando asesoramiento.”

Como afirmó el Papa Francisco “Caritas es la caricia de la Iglesia a su gente, la caricia de la Madre Iglesia a sus hijos, su ternura y cercanía”, y es aquí, en esta vocación de servicio, donde Cáritas encuentra la base de su funcionamiento.

Lea a continuación el texto íntegro de la carta escrita por el Cardenal Maradiaga:

Más allá de las olas del tsunami

Los pescadores regresaron a sus aldeas la mañana del 26 de diciembre de 2004 para descubrir que sus hogares habría sido barridos por las aguas, igual que sus seres queridos. Un tsunami apocalíptico había devastado las comunidades costeras de Indonesia, Tailandia, Maldivas, India y Sri Lanka.

Unas 300.000 personas perdieron la vida en pocas horas. Sus muertes parecían fruto del azar. Una familia que salió huyendo hacia la izquierda, en vez de la derecha, se salvó. Un pueblo fue completamente destruido, mientras otro, costa arriba, no sufrió daños.

Era el día después de Navidad, el día en que los cristianos celebran que Dios nos ha concedido su don más preciado: su Hijo. Muchos se preguntaron dónde estaba el rostro de Dios en ese cataclismo.

Encontramos la respuesta en el mensaje de esperanza, renacimiento y resurrección, que es el Evangelio. Vimos el amor de Dios a toda la Humanidad en la respuesta humana al tsunami asiático.

Encontramos valor en las acciones de los propios supervivientes. Fueron sus esfuerzos, en las primeras horas y días, los que salvaron muchas vidas, los que unieron a las comunidades y los que confortaron a quienes les rodeaban.

Encontramos la solidaridad de las personas que ayudaron a los miembros de Cáritas, en los países ricos y pobres, a brindar apoyo a las personas que ahora necesitaban reconstruir sus vidas. Cáritas respondió al tsunami con un programa de 485.000.000 dólares. Ese dinero se utilizó para proporcionar alivio inmediato y, más tarde, en la construcción de viviendas, la restauración de los medios de vida y la reanudación de vidas de manera sostenible.

Encontramos amor en el personal que trabajó incansablemente para conseguir que llegara la ayuda. Tenemos una gran deuda con el dinamismo del personal nacional e internacional. Fue un verdadero reto cumplir nuestras promesas de reconstrucción tras el tsunami. Pero se hizo posible, gracias al compromiso de nuestros compañeros de Caritas.

Encontramos las fuerzas en los párrocos, catequistas y voluntarios de las parroquias, que se movilizaron en las comunidades, repartiendo ayuda, cocinando alimentos, construyendo refugios, dirigiendo los centros comunitarios y proporcionando asesoramiento. Cáritas es parte de las comunidades que servimos. El voluntariado está en el corazón de Cáritas.

Encontramos esperanza siendo consciente de que podemos preparar mejor a las poblaciones ante catástrofes futuras. Las nuevas viviendas e infraestructuras construidas después del tsunami y la capacitación de las comunidades reducirán las pérdidas de vidas humanas si un desastre ocurre de nuevo.

De las ruinas, creemos que las comunidades pueden construirse un futuro mejor. Las condiciones meteorológicas extremas, vinculadas al cambio climático, están aumentando y, lamentablemente, es probable que causen más emergencias. Sabemos que la preparación ante los desastres salvará miles de vidas en el futuro.

Llevar a cabo esa preparación ha sido un gran reto para Caritas. Y esto significará la canalización de más recursos financieros y humanos en la prevención de las emergencias. No podemos hacerlo por nuestra cuenta, sino sólo a través del trabajo con otras redes de ayuda humanitaria, grupos religiosos y gobiernos.

Un ciclón, un terremoto o un volcán en erupción son riesgos que sólo se convierten en desastres mortales cuando se producen en zonas vulnerables, donde la gente tiene poca defensa. Sólo una de cada diez personas expuestas a peligros naturales vive en países pobres, pero representan más de la mitad del total de muertos. La pobreza es sinónimo de vulnerabilidad.

Debemos desafiar a la “globalización de la indiferencia”, que está empujando a los pobres a posiciones cada vez más vulnerables. La justicia social es el mejor programa que tenemos como preparación ante los desastres.

Debemos desafiar el enfoque negligente de la Creación. Como ha señalado el Papa Francisco: “Seamos ‘protectores’ de la creación, protectores del plan de Dios inscrito en la naturaleza, protectores unos de otros y del medio ambiente”.

Un resultado positivo del tsunami es que se fortalecieron los vínculos entre nuestras organizaciones nacionales de Caritas y las comunidades. Ellas fueron capaces de utilizar esa fuerza como puerta de entrada para otros esfuerzos por el desarrollo humano integral.

Musulmanes, hindúes, budistas y cristianos: todas las confesiones demostraron que tenemos un papel clave que desempeñar en la preparación y reacción ante las emergencias. Nosotros siempre lo hemos sabido, claro está, pero fue una navedad para otros. Como personas de fe, ahora debemos trabajar juntos para sacar adelante, en los debates sobre la agenda post-2015, un planteamiento centrado en los derechos.

El Papa Francisco dice que “Caritas es la caricia de la Iglesia a su gente, la caricia de la Madre Iglesia a sus hijos, su ternura y cercanía”. A través de Cáritas, después del tsunami, se nos dio la oportunidad de caminar, hombro con hombro, junto a quienes sufrieron y en ellos pudimos ver el rostro de Jesucristo resucitado.


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