Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Benedicto XVI recuerda que la cruz "no es un símbolo privado de devoción" sino que “habla de la victoria de la no violencia sobre la opresión"

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En el segundo día de su visita a Chipre, el Papa celebró una misa en la iglesia de la Santa Cruz de Nicosia. En su homilía habló sobre la cruz, de la que recordó que “no es simplemente un símbolo privado de devoción, ni un distintivo de pertenencia a un grupo dentro de la sociedad” sino que “habla de la victoria de la no violencia sobre la opresión, habla de Dios que ensalza a los humildes y logra vencer el odio con el amor”.

“Un mundo sin cruz, dijo el Papa, sería un mundo sin esperanza, un mundo en el que la tortura y la brutalidad no tendrían límite, donde el débil sería subyugado y la codicia tendría la última palabra. La inhumanidad del hombre hacia el hombre se manifestaría de modo todavía más horrible, y el círculo vicioso de la violencia no tendría fin. Sólo la cruz puede poner fin a todo ello”, porque ningún poder terreno puede salvarnos de las consecuencias de nuestro pecado, y ninguna potencia terrena puede derrotar la injusticia en su origen”.

Benedicto XVI añadió que "la cruz, por tanto, es algo más grande y misterioso de lo que puede parecer a primera vista. Indudablemente, es un instrumento de tortura, de sufrimiento y derrota, pero al mismo tiempo muestra la completa transformación, la victoria definitiva sobre estos males, y esto la convierte en el símbolo más elocuente de la esperanza que el mundo haya visto jamás. Habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las víctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios puede convertir su dolor en alegría, su aislamiento en comunión, su muerte en vida. Ofrece esperanza ilimitada a nuestro mundo caído”.