Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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En voz baja

Un día en la sencilla vida del Papa emérito

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Oración desde antes de levantarse hasta después de irse a dormir. Así es la sencilla vida del Papa emérito, que jalona cada jornada con el rezo y que tiene la Misa como centro de su día.

En su libro Dios y el Mundo. Una conversación con Peter Seewald, el entonces cardenal Joseph Ratzinger daba numerosas pistas sobre su personalidad y su vida cotidiana. En varias preguntas hablaba sobre sus prácticas de oración y explicaba el que posiblemente será el día a día del Papa emérito en Castel Gandolfo y más adelante, cuando se retire en oración al convento Mater Ecclesiae.

"Antes de levantarme rezo primero una breve oración. El día parece diferente cuando uno no se adentra directamente en él. Después vienen todas esas actividades que se realizan temprano: lavarse, desayunar. A continuación, la Santa Misa y el breviario. Ambos son para mí los actos fundamentales del día. La misa es el encuentro real con la presencia de Cristo resucitado, y el breviario, la entrada en la gran plegaria de toda la historia sagrada. Aquí los salmos son la pieza esencial. Aquí se reza con los milenios y se oyen las voces de los Padres. Todo eso le abre a uno la puerta para iniciar el día. A continuación viene el trabajo normal", explicaba el cardenal.

Después, añadía cómo escalonaba oraciones a lo largo del día: "Los momentos fijos de oración son a mediodía, cuando según la tradición católica, rezamos al ángel del Señor. Por la tarde están las vísperas, y por la noche las comletas, el rezo eclesiástico noctruno. Y entre medias, cuando siento que necesito ayuda, siempres es posible deslizar breves plegarias".

Ya aún daba un truco para las noches: "Yo recomendaría el rosario. Es un rezo que, además de su significado espiritual, ejerce una fuerza anímicamente tranquilizadora. En él, al atenerse siempre a las palabras, te vas liberando poco a poco de os pensamientos que te atormentan".

Para el que será Papa emérito en solo unas horas, Dios siempre está a su lado: "Yo sé que Él siempre está ahí. Y Él sabe sin duda alguna quién y qué soy. De ahí que aumente la necesidad de llamarle, de comunicarme, de hablar con Él. Con Él puedo intercambiar tanto lo más sencillo e íntimo, como lo más agobiante y trascendental. Para mí, en cierto sentido, es normal tener la posibilidad de hablarle de la vida cotidiana".

“Somos
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