Miércoles 16/08/2017. Actualizado 16:52h

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Diócesis

Será el 10 de septiembre en Santa Bárbara

Rouco presidirá la Misa de apertura del año judicial en uno de sus últimos actos en Madrid

Se celebran desde el año 2007

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Esta tradición se puso en marcha en 2008 cuando Carlos Dívar estaba al frente el Consejo General del Poder Judicial. Quiso que fuera el cardenal quien presidiera la celebración. Hasta entonces solo había una celebración por los fallecidos durante el año.



Parroquia de Santa Bárbara, en Madrid Parroquia de Santa Bárbara, en Madrid

Ya son pocos los actos previstos en la agenda del cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, antes de que deje la sede que ha ocupado durante 20 años por motivos de edad. Pero no ha querido dejar de presidir una celebración eucarística que no ha estado exenta de controversia política: la de apertura del año judicial.

Esta misa, que se ha celebrado tradicionalmente en la iglesia de Santa Bárbara, muy próxima a las sedes de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, fue instaurada con la llegada de Carlos Dívar al frente del Consejo General del Poder Judicial. Hasta entonces solo se celebraba una misa en memoria de los fallecidos en ese año, pero fue a partir de 2007 cuando se instauró esta celebración de apertura del año judicial.

El propio Carlos Dívar quiso que esta celebración fuera presidida por el cardenal arzobispo de Madrid, ahora administrador apostólico a la espera de que se establezca la fecha definitiva de su salida. El cardenal Rouco ha aprovechado esas ocasiones para dirigir importantes mensajes. El año pasado se refirió claramente a la cada vez mayor divergencia entre leyes positivas y leyes naturales.

También aprovechó la homilía para explicar el valor del sacramento de la Eucaristía: “la celebración de la Eucaristía es siempre un acto de culto, en esencia, un acto de culto a Dios, Creador y Redento. Es el sacramento en que ese Dios Creador y Redentor se hace presente de una manera singularmente intensa; en la fe de la Iglesia se confiesa que el pan y el vino después de la consagración se convierte en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, y de una forma incruenta se reproduce, se actualiza, lo que tuvo lugar en la cruz, que ha sido un acto de culto por excelencia. Lo que ha hecho Cristo en la Cruz es dar gloria a Dios de una forma como no podía haberlo hecho hasta entonces, y la fórmula para dar gloria a Dios es justamente entregando la vida… Se produce, pues, en la historia de la humanidad desde ese momento, el capítulo definitivo”.


“Somos
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