Miércoles 07/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Sobre la "suciedad" en la Iglesia

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El bombardeo de noticias sobre el tema de los abusos sexuales de menores por parte de algunos miembros del clero ha degenerado en ataques directos contra la persona del Papa.

Si es cierto que no se puede negar la existencia de casos de delitos graves cometidos por el clero, tampoco es justo silenciar que los miembros acusados de pedofilia verdadera y propia han sido 300 en los nueve últimos años, representando un porcentaje bajísimo si se tiene en cuenta que actualmente hay unos 400.000 presbíteros en la Iglesia.

La conclusión que podemos sacar es que el fenómeno no está tan difundido como se pretende. Esa estadística no corresponde con la percepción que se crea cuando eventos tan tristes son noticia de primera página en los periódicos.

El obispo italiano Giuseppe Versaldi escribió hace un par de días en L’Osservatore Romano” que “la imagen negativa atribuida a la Iglesia católica” a causa de los escándalos de pedofilia es exagerada.

El artículo, titulado: "El rigor de Benedicto XVI contra la suciedad en la Iglesia”, recuerda el tono que usó el entonces cardenal Ratzinger en las meditaciones del Via Crucis de 2005 en el Coliseo de Roma, cuando habló de eliminar la suciedad del Cuerpo Místico de Cristo.

Monseñor Versaldi reconoce la necesidad de condenar a los sacerdotes pedófilos, pero denuncia “el ensañamiento contra la Iglesia católica, como si fuese la institución donde se realizan con mayor frecuencia estos abusos”.

Curiosamente subraya que la Iglesia católica, frente a la imagen deformada con la que se quiere representar, es “la institución que ha decidido conducir la batalla más clara contra los abusos sexuales de menores, comenzando desde dentro”.

Todo ello, según monseñor Versaldi, es mérito de Benedicto XVI, que “ha dado un impulso decisivo a esta lucha, gracias también a su experiencia de más de veinte años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Además, desde aquel puesto el cardenal Ratzinger pudo seguir los casos de abusos sexuales que se denunciaron y favoreció una reforma legislativa más rigurosa en esta materia”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére