Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Un mensaje optimista en mitad del drama de Irak

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En su solicitud por la comunidad católica en Irak, el Papa ha dado su consentimiento a la elección del nuevo arzobispo de Arbil de los Caldeos, monseñor Bashar Warda, tras la decisión del Sínodo de los Obispos locales, como es habitual con las sedes de rito oriental.

La realidad de las comunidades eclesiales de Irak sigue siendo muy dura, ya que deben hacer frente a unas condiciones de vida difíciles de sostener. Sin embargo, el nuevo arzobispo es optimista. Su diócesis tenía en 2005 unas 2.500 familias –cuenta en una entrevista a Radio Vaticano- y hoy es una de las mayores comunidades unidas en el mismo lugar en todo el país. Sólo en Ankawa hay 7.200 familias cristianas, de las cuales la mitad proviene de Mosul y Bagdad.

“Esto se traduce –explica- en un proceso de reconciliación con la nueva cultura y la nueva situación del país. Tenemos necesidad no tanto de mantener nuestro cristianismo, como de ser misioneros en nuestro entorno”; en Arbil, donde hay 20.000 católicos, 5 sacerdotes, 11 religiosos y 6 diáconos permanentes, por desgracia, son muy activas las sectas.

Aun siendo una de las tradiciones cristianas más antiguas en el mundo, la mayoría de los cristianos iraquíes sigue abandonando el país, a pesar de los llamamientos lanzados por muchos obispos para que se queden.

El nuevo pastor de Arbil de los Caldeos, perteneciente a la Congregación de los Redentoristas, nació en 1969 en Bagdad y fue ordenado sacerdote en 1993. Seis años más tarde se licenció en Teología moral, con una tesis sobre la violencia en el Islam, en la Universidad Católica de Lovaina. Actualmente era director del Seminario patriarcal caldeo de Ankawa, cercano a Arbil.

Monseñor Warda piensa que la Iglesia puede hacer muchas cosas en Irak: “iniciativas en el campo educativo y sanitario, porque la comunidad está buscando una entidad que ofrezca servicios con honradez, bondad y amor. Todas estas cosas forman parte del mensaje de la Iglesia, forman parte de sus actividades sociales”.

“En estas áreas –asegura-, podemos poner en marcha iniciativas para nuestra comunidad de Irak, no sólo para los cristianos, sino para todos los iraquíes, a partir de esta diócesis, que goza de un estado de mayor seguridad con respecto a las demás. Podemos comenzar con esta iniciativa para animar a nuestros jóvenes, para decirles que hay lugares donde pueden trabajar y ser activos en sus comunidades. No podemos pedir a los jóvenes que vuelvan a casa si no les ofrecemos unas oportunidades”.

Por Alfonso Bailly-Bailliére