Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

La historia de un prelado chino que fue condenado por ser fiel a la Iglesia y al Papa

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La última noticia sobre la Iglesia en China llegó hace unos días, al conocerse la muerte, a los 86 años, del obispo Leo Yao Liang, coadjutor de la diócesis de Siwantze (Chongli- Xiwanzi), en la provincia de Hebei (China Continental), que nunca fue reconocido obispo por el régimen chino.

La historia de este prelado comenzó en 1923, en el pueblo de Gonghui, de la región de Zhangbei. Fue ordenado sacerdote en 1948 y trabajó como vice-párroco en varias parroquias de la diócesis hasta que se le impidió ejercer su ministerio y tuvo que ganarse la vida cultivando hortalizas y vendiendo madera.

En 1956 fue obligado a trabajos forzados por negarse a adherir al movimiento de independencia de la Iglesia católica y del Papa. Dos años más tarde se le condenó a cadena perpetua por cometer el “crimen” de permanecer fiel al Pontífice y a la Iglesia universal. Casi treinta años después, en 1984, fue liberado de la prisión.

Consagrado obispo en 2002, en julio de 2006 fue nuevamente secuestrado por la policía tras la consagración de una nueva iglesia en la región de Guyuan y permaneció treinta meses en prisión. Una vez liberado, pero siempre bajo estrecha vigilancia, pudo dedicarse a las necesidades de la diócesis, a pesar de todas las dificultades.

En la misa dominical que celebraba participaban cada semana más de mil fieles. Después de la muerte de monseñor Yao, las autoridades civiles han prohibido a la comunidad católica honrarlo con el título de “obispo”, imponiendo que se usase el nombre de “pastor clandestino”.

La mañana del 6 de enero, solemnidad de la Epifanía, miles de fieles, provenientes de varias partes del país, participaron en su funeral a pesar de los controles de la policía y la abundante nevada, demostrando así que mons. Yao fue realmente un buen pastor que, como Cristo, dio la vida por sus ovejas.

Por Alfonso Bailly-Bailliére