Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Los hijos tienen derecho a un padre y a una madre

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El vigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, que fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, indica en su preámbulo que la familia “es el ambiente natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños, y debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad”.

Con esta premisa, el Papa quiso resaltar ayer que la mayor ayuda que se puede ofrecer a un hijo es la familia, “fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer”, porque los pequeños desean -y tienen derecho- a ser amados por una madre y un padre que se quieren, y necesitan vivir y crecer juntos con ambos progenitores.

Cuando se oye hablar de que las parejas homosexuales tienen el mismo derecho que las heterosexuales a adoptar niños, no se quiere reconocer que las figuras materna y paterna son complementarias en la educación de los hijos y son fundamentales “en la construcción de su personalidad y de su identidad”. Por eso, el pontífice hizo hincapié en la importancia de hacer todo lo posible para que crezcan en un ambiente familiar unido y estable, saliendo así en defensa de los pequeños “sin voz” y sobre todo sin libertad para decidir si desean ser adoptados por una determinada pareja o familia.

Por otra parte, la experiencia demuestra que los niños acaban sufriendo las consecuencias de un ambiente familiar que no es sereno, sobre todo cuando los padres se separan con el divorcio. Por el contrario, afirma el Papa, “el mejor modo para tutelar los derechos y las exigencias auténticas de los menores es sostener a la familia y promover su verdadero bien, sus derechos y su unidad”.

Hablando de las consecuencias del divorcio, el Santo Padre señaló en otro momento que para un crecimiento psicológico y humano equilibrado de los hijos es indispensable que se garantice lo más posible la continuidad del lazo con sus progenitores y con los orígenes familiares y sociales.

Dirigiéndose hace poco más de cuatro meses a un grupo de prelados de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, Benedicto XVI se refirió a la llamada “familia alargada y móvil”, que multiplica los "padres" y las "madres", de modo que la mayoría de los que se sienten huérfanos no son hijos sin padres, sino hijos que tienen demasiados padres. Esta situación, denunció el Papa, “además de generar conflictos y confusiones internas, contribuye a crear en los hijos una tipología alterada de familia, asimilable de algún modo a la convivencia, a causa de su precariedad".

Por Alfonso Bailly-Bailliére