Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El guardaespaldas de cinco pontífices descansa en paz

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Ayer por la tarde se celebró el funeral por Camillo Cibin, fallecido el domingo a los 83 años, ex jefe de la seguridad vaticana, que trabajó durante 58 años y veló por la seguridad de los últimos cinco papas: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Cibin era popularmente conocido como el principal "ángel de la guarda" de Juan Pablo II, a quien acompañó a lo largo de todo su pontificado (1978-2005) y asistió a Benedicto XVI antes de retirarse del cargo en 2006.

El 13 de mayo de 1981 se encontraba en la Plaza de San Pedro cuando Alí Agcá disparó a Juan Pablo II, aunque no consiguió evitar el atentado. Sin embargo, un año después, el 12 de mayo de 1982, durante el viaje que hizo el Santo Padre a Fátima para agradecer a la Virgen el haberle salvado la vida, hizo de escudo protector del Papa para protegerlo de la agresión de un desequilibrado.

Cibin, que deja mujer y tres hijos, estuvo al lado de Juan Pablo II en todos los 104 viajes apostólicos, así como en los efectuados por Italia y durante las vacaciones. El cardenal Roberto Tucci, que durante veinte años organizó los viajes papales, recuerda que era "una persona de la que se podía fiar totalmente. Era muy sencillo y muy fiel; un hombre ejemplar". Conservó unas grandes condiciones físicas y mentales hasta el final de su vida. Incluso a sus 80 años se le veía correr junto al papamóvil, junto a los demás hombres de la seguridad.

El funeral por el histórico comandante lo presidió ayer por la tarde en el altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana, el cardenal Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, de quien depende el cuerpo de la gendarmería vaticana.

Cibin fue sustituido al frente de la Gendarmería Vaticana por el italiano Domenico Giani, de 46 años. Había sido distinguido con las más altas condecoraciones pontificias: la "Pro Ecclesia et Pontifice", la encomienda de San Silvestre y el título de caballero de la Gran Cruz de San Gregorio Magno.

Por Alfonso Bailly-Bailliére