Lunes 21/08/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Tres documentos y dos Papas para la clausura del Año de la Fe

Por Mercedes De La Torre

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Concluye el Año de la Fe convocado por Benedicto XVI y clausurado por el Papa Francisco. Uno de los muchos frutos concretos de estos trece meses ha sido la publicación de tres documentos que se incluyen en la lista del magisterio papal.

El primero fue la carta apostólica Porta fidei publicada el 11 de octubre de 2011, exactamente un año antes del inicio del Año de la Fe, en el cual Benedicto XVI lo convocaba y daba pautas para su preparación. Algunos analistas indican que en ese momento el Papa emérito comenzaba a pensar en la posibilidad de la renuncia y otros en cambio aseguran que aún no lo había contemplado a pesar de su respuesta en el libro-entrevista ‘Luz del mundo’ de Peter Seewald.

Dejando a un lado las suposiciones, un aspecto interesante a resaltar es la renuncia histórica de Benedicto XVI durante el Año de la Fe, como si ese tiempo propuesto para reafirmar y confirmar la fe en Cristo pusiera también ‘a prueba’ esta fe ante al ‘desconcierto’ del anuncio y el sentimiento de ‘orfandad’ de muchos al ver la despedida en vida de un grande Papa que dio una lección de humildad y sabiduría a la humanidad.

De hecho en Porta Fidei está indicado claramente el objetivo del Año de la Fe que fue el “promover la alegría y el entusiasmo de la fe” además de “fortalecer la fe de los cristianos” y en esta misma línea fueron los últimos mensajes del Pontificado de Benedicto XVI que destacaron la importancia de confiar en la Providencia y en la asistencia del Espíritu Santo.

Por otro lado, recordemos que la apertura del Año de la Fe, que se llevó a cabo el 11 de octubre de 2012, coincidió con el 50 aniversario del inicio del Concilio Vaticano II y con el 20 aniversario de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. La inauguración fue muy significativa porque en la Celebración Eucarística presidida por Benedicto XVI concelebraron algunos padres conciliares, los presidentes de las conferencias episcopales y también  los padres sinodales de la Asamblea General Ordinaria que se celebraba en Roma sobre La nueva evangelización y la transmisión de la fe.

El segundo documento que puede considerarse un ‘fruto’ del Año de la Fe fue la encíclica Lumen fidei firmada por el Papa Francisco y publicada el 29 de junio de 2013, fiesta de San Pedro y San Pablo. Un texto escrito a ‘cuatro manos’ en el que se palpa claramente la continuidad entre ambos pontificados.

El último texto es la exhortación apostólica postsinodal Evangelii Gaudium (la alegría del Evangelio) que el Papa Francisco entrega el 24 de noviembre de 2013, fiesta de Cristo Rey, en la clausura del Año de la Fe y que recoge los frutos del Sínodo sobre la Nueva Evangelización.

Con estos tres documentos se comprueba un aspecto de la riqueza que este Año de la Fe aportó a la vida de la Iglesia, además de recordar que en este periodo más de 8 millones de personas peregrinaron a la tumba de San Pedro con numerosos jornadas. Como por ejemplo, la ‘Evangelium Vitae’ para la defensa de la vida; la de las Familias; la de seminaristas, novicios y novicias; la de los catequistas; la de los representantes pontificios y nuncios apostólicos; la de las asociaciones marianas con la escultura original de la Virgen de Fátima, entre otras.

En el marco de estos grandes eventos de la fe celebrados en Roma, también se puede recordar la Adoración eucarística mundial simultánea en la fiesta del Corpus Christi y el día de ayuno junto a la Vigilia de oración por la paz en Siria. Y fuera de Italia, destaca sin duda, la coincidencia de la JMJ en Río de Janeiro, Brasil.


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